martes, 3 de mayo de 2011

Cuento de horror


Cuando salió de boca de Rubén, creí que era un poema. Una imagen tan sutil y a la vez contundente se me antoja más para la poesía que para la narrativa.  Sin embargo, Cuento de horror es un minicuento del fallecido escritor mexicano Juan José Arreola.

Sus personajes se extrapolan, ambos conviven en las únicas dos afirmaciones del narrador, interactúan perfectamente en el fraseado que les pone por igual en la trama de una historia cuya línea de tiempo transcurre de un pasado remoto a un presente inconcluso. 

En este caso en particular, el título hasta forma parte de la historia; de hecho, sería el indicador más preciso de que es un cuento y de que no hablamos de una afirmación romántica, sino de un acontecer cargado de perturbación.

Arreola no sólo muestra el dominio de la narrativa híper breve, sino que impresiona por la sencillez categórica de su texto. Y como ya dijimos antes en otra entrada de esta bitácora de cuentos, en la narrativa corta el estupor del lector es señal absoluta de que estamos ante una pieza literaria de antología.

Agradezco entonces el oportuno comentario con el que conociera este magnífico pedacito de literatura. También les invito a leer más cuentos de Arreola, disponibles en varios sitios internet, para que no se pierdan - como lo hice yo por tanto tiempo - este excelente autor.  Anoche leí El guardagujas y quedé más impresionada.

martes, 26 de abril de 2011

La flaca

¿A quién no le gusta una canción que cuente una buena historia?  


No es sólo el estribillo pegajoso lo que nos seduce, sino lo que compartimos en nuestras fantasías (o realidades) con el autor.


En los versos de La flaca, del grupo español Jarabe de Palo, encontramos la sensualidad desgarbada del personaje que admiramos y que nos aviva un deseo apaleado por la libertad.   Quien a La flaca le canta la sabe libre, la sabe dueña de si, de su tiempo, para nada una fémina sumisa que se deje dominar siquiera por el "bienestar material".


Suma mucho la voz de Pau Donés, que tiene una particular manera de echar el cuento como si fuera un dolorcito.  Lo es, lo es porque sabes que las personas no son propiedad de nadie y sólo deseas estar con alguien, pero ni siquiera sabes si es posible.  A veces, incluso sabes que estás como lejos de esa paila y lo único que pides es una solita oportunidad.


La flaca es pues la historia del eterno enamorarse y saberse perdido en este gran libro de cuentos que puede ser el destino, ese que te coloca delante de alguien y también te lo aleja.  La canción termina con un fading bien intencional, casi melancólico y bastante lejano al tono que introduce.  Cantándola, uno se diluye en ese mismo estribillo sin aparente final, porque ¿cuál es el final?  ¿Después de ese beso -si te lo diera-, qué?


gózalo!

martes, 29 de marzo de 2011

les tengo sin noticias

No les abandono.  Sólo estoy a dieta de cuentos.  Me ocupa Stepehn Hawking, con A brief history of time, y una novela para niños que estamos leyendo por tercera vez.  Es del salvadoreño Jorge Galán, y se llama El premio inesperado.  Luego de eso, textos académicos del postgrado, literatura escrita por mis alumnos de Creative Writing (tienen talento) y todos los links que me mandan por correo y facebook (cosas de política, economía y conservación de la naturaleza).

Ya me volví puro cuento!

martes, 11 de enero de 2011

Cuento viejo

Hace muchos años aprendí que los desastres no son naturales.  Es una cosa sencilla.  Los fenómenos naturales como las lluvias, los huracanes y los terremotos han ocurrido desde que el mundo es mundo, ya sea que creas en Adán y Eva o que te vayas por la teoría de Darwin.

Los desastres son, por ejemplo, las inundaciones, los derrumbes, los deslaves y las muertes producto de los golpes, el impacto psicológico y otros.  Como el actual director panameño del Sistema Nacional de Protección Civil se ha dado a conocer internacionalmente por desconocer a los científicos, tratándolos de charlatanes y consultores onerosos, nunca logró entender que era posible alertar con mucho tiempo de anticipación a los gobernantes y tomadores de decisiones de modo que supieran cosas sencillas, como por ejemplo, que el fenómeno de La Niña causa lluvias más intensas y más frecuentes, incluso en temporada seca.    No parece haber entendido qué hace en ese puesto y cree que debe aparecer después que pasó el desastre.  Desconoce que la prevención es un elemento clave en el desarrollo de un país y prefiere desfilar con donaciones para los damnificados.  Ayer le dieron más de su medicina, lo han nombrado el repartidor oficial de agua de la ciudad gorgojo.  No sé si será feliz cual reina de carnaval repartiendo pachitas de agua, pero si sé que se ve muy triste ser relegado a semejante trabajo, cuando pudiera tener un papel trascendental en evitar que se den bochornosas declaraciones como las que hace hoy día el presidente de Panamá, al decir que tenemos 40 días sin agua porque la lluvia los tomó por sorpresa.

Este es un cuento viejo, algo en lo que ya no podemos creer, algo que los hace más estúpidos a nuestros ojos y para lo cual no consideramos siquiera que valga el esfuerzo decirles que mienten.   

martes, 16 de noviembre de 2010

"Educación" es el nombre de un negocio.

Desde el maternal hasta el doctorado, la educación es un tema en cual la ética debería estar por encima de las proyecciones del flujo de caja, pero sucede lo contrario.  Parece que la cantidad de matrículas determinan la oferta académica y la atención, y sin el menor asomo de vergüenza, los administradores de centros educativos imponen costos y cuotas para todo.  Las condiciones se endurecen sin la menor consideración, se cambian las reglas a la conveniencia de las escuelas y facultades, y la amenaza de quedar sin cupo, con recargo, sin nota y con multa son la tónica de los comunicados que reciben los estudiantes.

La vocación no entra en la transacción.  La lista de deberes se acrecienta, la calidad cada vez es peor y la tecnología sólo aumentó los costos de matrícula, porque los salones audiovisuales, por ejemplo, se usan para ver dibujitos animados y hacer ensayos o coreografías.  La cafetería es el gran negocio en todas las escuelas, los uniformes son otro emporio y el tema de los seguros médicos un engaño con el que nos mantienen tranquilos cebando el cochinito de los negocios.

Supermercados deberían llamarle a los postgrados, porque sólo a recoger de las estanterías llegamos.  Clin, clin, suena la registradora, mientras acumulamos materias que igual vamos a pasar, sepamos o no. 

¿A qué viene este ceviche de vísceras? Al descontento, al hastío que me ha producido este martes 16 de noviembre, en el cual me llega una nota de la escuela con el hostil recordatorio de la matrícula, y una hojita de gastos y fechas de pago.  Para pagarme como docente, la miseria no vista y luego en el postgrado la situación más infame: los estudiantes dependíamos de dos matrículas más para que iniciara la segunda parte del curso.  En el minuto que reciben el pago “avisan” que las clases comienzan … jajaja… dentro de una hora!

Esto es – como se lo dije al administrador – el irrespeto a la persona, el menosprecio por el otro, tu tiempo no vale nada, debes esperar a que yo quiera porque tengo el control.  Con su cara de concreto a decirme que hay un malentendido y de todas formas hacen lo que les da la gana…

Si, esto de la educación es un negocio porque tienen el control, porque ellos mismos ponen las reglas estas en que los títulos académicos caen como chorros sobre el papel, pero cuando alguien como yo se asquea de ver cómo cabezas huecas repiten el mismo discurso pobre una y otra vez, empieza a germinar un cambio que en lo más profundo les hace temblar.

martes, 9 de noviembre de 2010

"Te reto"

“Te reto”, así decía el asunto del mensaje que me dejó el Súper Q con el vínculo Internet del cuento “De la simetría interplanetaria”*.   Yo no conocía el cuento, lo juro.  Bueno, al menos no lo recuerdo.  Pero la idea… si, la idea de que puedan existir realidades paralelas entre planetas me suena.

En todo caso, comencé a leerlo sin prejuicio alguno, con el único dato de que era un cuento que había impresionado a mi remitente.  Cuando vi la intención con eso de los “farenses” me detuve.  Esta otra vez creando un lenguaje, pensé.   Porque Julio Cortazar suele hacer esas cosas sin importarle un pito si uno cae o no en cuenta a la primera. Ah, no… me dije, esto tengo que leerlo en un libro, acá en la computadora no me concentro. 

Larga fue la pausa y corta la sorpresa.  No lo tengo, no está en las colecciones que guardo en casa para los días de gotones y alegría.  Nada.  Así que volví al mensaje, del mensaje al vínculo y del vínculo al cuento.  Y luego me volví por el mismo camino, hasta que me tropecé con el reto nuevamente:  “te reto a que lo critiques”.  Esto es una venganza, pensé.   No me dijo “analizar”, “presentar”, ni mucho menos “explicar”, sino “criticar”. 

La cosa estaba clara, no se puede pasar agachada por una crítica literaria.  Una queda tan juzgada como lo que juzga.  Expuesta totalmente frente al texto de un maestro, así voy a quedar cuando me lance de cabeza con este reto.  No voy a salir ilesa, y menos cuando hasta un corto cinematográfico se ha hecho de este cuento. 

Sacó a pasear al niño, es lo primero que se me viene a la cabeza.  Cortazar hecho un Julito, un osito que imagina cosas y que tiene el descaro de plantearlas por ahí.  (En este punto me gustaría saber en cuál libro, en qué año, desde cuál país… porque esas cosas a mi me importan en la lectura de un texto.  Hasta hoy no consigo saberlo).  Pero no, tiene demasiadas imágenes, comenzando por el epígrafe, “This is very disgusting. Donald Duck”.

Espera un poco…. los farenses son bichos, son como arañas, ni si quiera tienen corazón!  Pero con todo y eso, al pequeño Julio le parece que son hasta mejores que esos humanos.  Llega un punto en que se pregunta “Lo que falta saber es si los seres reaccionan igualmente en todos lados.” y de pronto aflora el posible paralelismo.  

¿Y yo qué le puedo decir a Súper Q? Si al mero Julio Cortázar le da la gana de hacernos una bola de mierda a los humanos junto a los farenses, de tratarnos como bichos, casi con el despecho con el que un tipo dice que todas las mujeres son iguales; pero si no conforme suelta lo de El Calvario como un juicio final, como un dictamen médico que nos condena como raza, poco es lo que se le puede reprochar a la sencillez con que lo escribe.

Si, es un niño que se pregunta cuán vil puede ser la humanidad, es un niño que se maravilla con las puestas de sol y que aprecia ser tratado con amabilidad.  Llegar tan lejos en la imaginación y trasladar consigo a sus lectores hasta la ciudad 956 para decirles que un planeta puede tener una sola ciudad capital y que al final somos todos la misma cosa, que las pirámides son un artefacto nada espectacular si el uso es cotidiano, hacer todos esos paralelismos sin dejarse afectar por la posible crítica de una pobre mortal, una miserable más entre tanto ser vil de este planetita de pacotilla, más dividido que una manta de retazos…yo no sé si eso puede ser criticado.  Lo más que puedo hacer es sentirme donada de una gran lección de literatura.   

(*) Aclaro que en este link los dos últimos párrafos pertenecen a otro cuento, comentado anteriormente en este blog.

martes, 28 de septiembre de 2010

Recovecos de la mente

El tonel de Amontillado es uno de los cuentos más característicos de la narrativa de Edgar Allan Poe.  Su talento se despliega bien en esta pequeña historia, que no por lo poco extensa pierde importancia en el género del cuento.  Quien no lo conozca, pase a leerlo en el siguiente vínculo: 
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/poe/barrilde.htm

El autor nos propone un tema en vigencia continua:  el odio gratuito por una ofensa sin intención.  Tan es así, que Poe jamás plasma en la historia la supuesta ofensa, pues carece de importancia.  Hubiera sido pérdida de recursos darle si quiera una línea.  Así que todo lo relatado nos viene del atribulado personaje principal, Montresor, quien haya en cada gesto y palabra de Fortunato una ofensa dirigida a él. 

A lo que si da toda la importancia el autor es a la perfección de un crimen planeado por años. Poe cuida cada detalle con el riesgo de llevarnos en vilo en cada oportunidad que tiene Fortunato de retroceder.  Montresor le da no menos de 10 oportunidades para que no asista a la cava donde piensa matarlo.  Claro que cada oportunidad va acompañada de un sablazo a la debilidad de la víctima, cuya tragedia identifica el agresor en su orgullo de conocedor de vinos.  Incluso llega a utilizar a Luchessi como detonante de ese deseo de llegar primero al vino Amontillado.

Fortunato es un hombre de apariencia feliz, cuya franqueza no deja de ofender al protagonista.  Montresor ha vivido tan pendiente de él, que ha llegado a conocer los detalles de su vida, sin permitir – eso si – que surja en él un mínimo de afección por quien lo ofende ya con sólo existir.  Esta es una historia en la que Poe captó una de esas miserias del ser humano; una envidia infundada, que sólo puede alojar quien anda mal en su pellejo. 

Montresor lo tenía todo materialmente, pero se fijaba en el otro ya casi con obsesión, y esa misma obsesión lo condujo a convertirse en un monstruo.  El relato en sí, del crimen – muy al estilo Poe – es una variación del crimen perfecto, que ya por la imposibilidad legal de contarlo, pierde su valor como hazaña. 

La mente de Poe tenía unos recovecos impresionantes, por donde transitaban las ideas más extrañas para la época en la que vivió – y aun para la nuestra –, y era precisamente una capacidad de ver por dentro al género humano, sus miserias, sus más horripilantes posibilidades y sus contradicciones.  Poe demostró una vez más que la maldad existe y que no tiene nada que ver con merecer o no el odio de nuestros adversarios.

martes, 27 de julio de 2010

Sembradores del mañana



Como todo se moderniza, en El Cuento de los Martes también nos dedicamos a editar videos para que nuestra audiencia tenga de todo. ¿Qué tal?

martes, 18 de mayo de 2010

si un poeta nos visita

Por eso es que uno de los acontecimientos que más celebro es la visita de un poeta.  Llegan con los ojos bien abiertos, como buscando un código oculto en cada esquina.  Así como encontré a Daniel , más que puntual en la cita que nos dimos este martes en Rayuela. 

Daniel Matul es guatemalteco de nacimiento y residente en Costa Rica desde los años que ustedes alcancen a calcular.  Tenía todas las intenciones de estudiar educación física, pero a tiempo encontró el camino de las Ciencias Políticas y la Poesía.  De estas cosas y otras de su vida como escritor, como profesor de ciencias políticas y como consultor hablamos entre varios amigos que nos acompañaron. 
Nos leyó poemas inéditos, algunos del libro “Noche de Ronda” y otros de su primer libro editado en Costa Rica.  Con Daniel una escucha sobre lugares muy específicos que lo marcaron en sus tantos viajes por Centroamérica, uno mira con otros ojos las calles y las situaciones que lo inspiraron.  Empieza una a creer que es cierto que esa integración que tanto necesita nuestra región está en manos de los artistas y del pueblo.

Bien hice en comenzar la noche leyendo el cuento “Narciso”, de Denis Smith, ya que su irónica ambientación nos dio pie para gozar del buen humor de Matul, de su musicalidad, de su herencia Maya y de su amor por Centroamérica.

martes, 11 de mayo de 2010

el martes de un poeta

Este martes el cuento lo abrió Luz Adriana; ella, con su característica voz poética nos embelesó con historias de su querida Bogotá, muy bien logradas en un cuento de Carmen Cecilia Suárez, llamado "Si yo viviera un mes en el centro". Y nosotros íbamos y veníamos entre bares, cafés, bandas y mucha poesía que una mujer soñaba, mientras el marido la llamaba a censura en todo tono.

Ya ambientados en la poesía, invitamos a leer parte de su nuevo poemario a Javier Alvarado. Se nota que Carta Natal al país de los locos (Poeta en Escocia) es un poemario cargado de dolor, que nos lleva por caminos insospechados de la mente y sus recuerdos. Cada poema que nos leyó pesaba como una pregunta sentida con necesidad de encontrar una respuesta perdida en los recovecos de una mente distante. Estos poemas pueden consultarse aquí en el No.35 de la Revista Electrónica Carátula (hecha en Nicaragua).

"En este enterradero todos tenemos epitafio" comienza diciendo el poema "El enterradero de El Ciprián" con el que acompañó algunas anécdotas sobre la historia que motiva al poemario merecedor de una Mención de Honor en el Premio Casa de las Américas 2010. Y así seguimos compartiendo con este joven, que entre los nuestros es de los mejores, que tiene un trabajo sostenido, serio y comprometido con la poesía. No faltaron las miradas de admiración entre los presentes, que lo recorrían buscando tal vez más edad, pero alegres de encontrar en su juventud la esperanza de la palabra.

Al terminar la lectura del poeta, tuvimos tiempo para otro cuento y compartimos "El Padre" del chileno Olegario Lazo; una historia que data de las primeras décadas del siglo XX, pero que mantienen vigente ese amor paternal, esa pureza con la que somos amados más comúnmente por la madre, sin exigir de nosotros los hijos un gesto de agradecimiento, siempre justificando las majaderías como errores propios y sobre todo, comiendo mierda-con-mierda (como diría Chuchú Martínez) al amparo de saber que el hijo está bien y que es feliz.

Pero como no todo es nostalgia ni tristezas, tuvimos la alegría de conocer a Daniel Andrade y su guitarra, que vinieron desde Venezuela con Isabelle Granger a rescatar algo más que gente en desastres naturales, sino corazones en desastres existenciales. Daniel trabajó hace poco en el proyecto "Cinema Sun" al cual se pasa la invitación para ver videos y escuchar música en el respectivo enlace antes colocado.

Ya sé que les dejé el enredo con tanto enlace, pero así quedaron nuestras mentes con tantos llamados desde la narrativa, la música y la poesía. Les esperarmos este martes 18 en Rayuela Bar desde las 7 de la noche con el poeta guatemalteco Daniel Matul en "si un poeta nos visita". Estará muy bueno, no se lo pierdan.

martes, 4 de mayo de 2010

Juegos de cama en Rayuela Bar

El 4 de mayo fue un martes de nostalgia.  Cada quien con su cuento.  Llegó el arqui-poeta Kourany, así es que recordamos aquellos martes del 2003 en el bar Mi Habana, cuando no pensábamos que llegaríamos al 2010 con el saco todavía lleno de esperanzas.

Después de los abrazos, el cuento reglamentario; esta vez “Una Gallina”, de la escritora brasileña Clarice Lispector [encuéntrelo aquí].  ¿Es cierto que la gallina es el animal más estúpido que hay?  No lo podemos afirmar con certeza, pero la escritora uso una clásica narración con subidas y bajadas, protagonistas y personajes pasivos, antagonistas, motivos, escenarios y todo lo que se requiere para un buen cuento, además de un final con sentimientos encontrados; es decir, uno sabe que es inevitable como la muerte, pero nunca está preparado para afrontarla.

Sufrimos a la gallina, pero tal vez no tanto como al pasado.  Por eso cuando una joven escritora tan buena como es Magdalena Camargo nos leyó algunas de sus nuevas prosas poéticas, nos remontamos a lugares distintos y distantes.  Juegos de cama http://madziagesth.wordpress.com/page/7/ es un texto delicado, frágil por su propensión a perder al lector/oyente en sus propios recuerdos, pero tremendamente rico en imágenes y sensaciones.  Madzia Getsh dice que es un texto polémico, tal vez por haberlo sometido a públicos con baja tolerancia a sus propios temores (algunas frases sugieren un entorno lésbico), pero a mi siempre me ha parecido un viaje astral bien registrado, una capacidad de mirarse a sí misma en esa hora en que irrumpe el mundo en nuestros pocos momentos de intimidad, esos que sólo nos permite la somnolencia.

Hablamos de nuestra experiencia compartiendo – Magdalena su primero y yo mi segundo – Festival de Poesía de Quezaltenango en Guatemala.  Queríamos decir tantas cosas, pero el público (cuál “público” si no hay tarima ni pantomima) también quiso expresarse, y aunque hubo debate histórico, ideológico y político, nos encontramos en ese mismo deseo de poesía.

Prescripciones, también de Magdalena, http://madziagesth.wordpress.com/2010/04/01/prescripciones/ es un texto mágico, yo diría que tiene mucho de cinematográfico.  Cuando lo escucho no puedo evitar acordarme de una película que hicieron sobre Virgina Wolf.  Las Horas, creo que se llama.  Y es que estas imágenes que presenta el escrito de Madzia van más allá de sus descripciones.  Hay símbolos que se reconstruyen, que renacen en las palabras que elige para sus lectores.  Ella tiene un don, y también está en su silencio.
 
En estos días en Guatemala con Magdalena Camargo aprendí que es bueno preguntarse y dudar, callar y escudriñar, porque la poesía es exactamente eso lo que hace.

A N U N C I O importante:

No se pierda esta noche a las 7:00 en Rayuela (Vía Argentina, al lado de las farmacias Arrocha, Ciudad de Panamá) las historias del Festival de Poesía de Quezaltenango.  Habrá cuento, poesía, videos, fotos y una carga impresionante de buena vibra y nostalgia barata.

martes, 13 de abril de 2010

Martes de Mujeres...y los hombres también van!


Este martes elcuentodelosmartes.blogspot.com se trasladó a RAYUELA en la Vía Argentina de la "muy noble y leal ciudad de Panamá" para compartir con lectores y artistas en vivo.  Comenzamos taaaaarde porque andaba cada quien contando algún chisme en petit comité, pero en algún momento Rómulo Castro puso orden (después de haber puesto un increíble repertorio [en un aparatito que nadie vió] de música hecha por mujeres) y abrió los "Martes de Mujeres...y los hombres también van!"

Emocionadamente yo [Lucyérnaga Chau] pasé a la palestra para leer "Las dos ranas", un cuento de Nicolás Buenaventura Vidal, de su libro "Cuando el hombre es su palabra y otros cuentos".  Me siguió Luz Adriana Lopera con textos de Carmen Cecilia Suárez de "Un vestido rojo para bailar boleros" y con una innovación tecnológica (leyendo desde un celular), Pepe Calderón recitó unos versos de Camilo José Cela que yo no conocía:  "La donación de mis órganos".  Héctor Collado, presente y consciente se agarró de los Rubaiyat del poeta persa Omar Khayyam y Joao Quiróz, quien primero deslizó subversivamente el poema "Desnuda" del libro "El Turno del Ofendido" del poeta salvadoreño Roque Dalton en manos y voz de Collado, luego nos lanzó así como si nada el poema "Cicatrices" del mismo libro.

También conocimos dos canciones inéditas de Rómulo Castro, hasta que Pepe Calderón cedió...se dio y se dio con "Teresa Batista", ante un público enardecido que le coreaba hasta los ojos cerrados.  

¿Alguien quiere saber cuántos de su signo zodiacal se necesitan para cambiar un bombillo?  Luz Adriana tiene una "Agenda de la mujer" hecha en Quibdó que da todas las respuestas y tiene por norma sacar sonrisas.  

Pero tenemos más:  el personal de Rayuela es una comitiva de artistas y desde la barra salieron cuentos y platos artísticos que desaparecen misteriosamente, una vez colocados ante los comensales.

No se lo pierda el próximo martes... y no dejen que yo les eche el cuento!!!

(vea el resto de las fotos en la esquina superior derecha)

martes, 6 de abril de 2010

Los alacranes

[presentando el comentario de un seguidor de El Cuento de los Martes, quien analiza uno de los cuentos más importantes de la literatura panameña.  Joao Quiróz Gobea nos refresca la memoria y nos deja literalmente picados a punta de alacranes.]  Que lo disfruten! 

“Encorvado en un rincón, negro e inmortal como la pobreza, mirándola desafiante y sin moverse, estaba el alacrán. Pegados a su cuerpo buscando amparo, los hijos formaban una oscura flor de tiernos aguijones.”  

El cuento a comentar se llama Los Alacranes, cuyo autor es Manuel Ferrer Valdés. Este relato puede ser encontrado en la publicación Panamá: Cuentos Escogidos, que a su vez puede ser visto en el link http://bdigital.binal.ac.pa/bdp/tomos/IV/Tomo_IV_P2.pdf, específicamente en la página 281 de dicho documento.

Este cuento es uno de esos grandes clásicos de la literatura panameña que injustamente permanecen en el anonimato. Se trata de un relato corto que mantiene electrizado desde el principio  a quien se disponga a leerlo, al inyectar  altas dosis de desesperación,  llevándonos a escenarios de penurias entre la pobreza, la enfermedad y la muerte,  dándole luego un bocado de serenidad al lector  cuando toda tristeza desaparece de la vida del personaje principal “la pobre mujer”,  pero arremete nuevamente contra las emociones del receptor, al dejar claro que esa aparente calma no era más que una mentira producida por las sustancias alucinógenas que componen el veneno del alacrán.
A pesar de ser un relato corto es rico en descripciones de los parajes en los que se van desenvolviendo los personajes, lo que sitúa al lector dentro de la historia como un testigo más. De hecho los espacios reducidos y la oscuridad de los ambientes descritos por el autor hacen que el relato no sea apto para claustro fóbicos.
Las cuatro páginas de las que se compone la obra no son un obstáculo para que además de tener una trama cardiaca y excelentes descripciones lugares en donde se lleva a cabo la historia, tenga igualmente implícito el tema socio–económico. Las dificultades económicas, y las condiciones deplorables en que vive el personaje principal, y sus vecinos podrían tomarse como causa directa del problema sanitario que existe en el edificio de pequeños cuartos de alquiler: una plaga de alacranes.
En esa misma línea es importante destacar que la obra presenta elementos que documentan la cultura de los barrios panameños: (sin menoscabo de que otros hermanos y hermanas  del mundo puedan sentirse identificados) la fe en la lotería, los “vidajenas” que aparecen ante cualquier suceso fuera de lo común, el imaginario popular capaz de crear hasta hipocondrías colectivas, entre otros.  
Hablando en términos cinematográficos, pondría a este cuento  cuatro estrellas y media. Recomiendo su lectura y la subsiguiente recomendación de la lectura a otros lectores. Relatos como este, son de aquellos que deben pasar de generación en generación.  
[para conocer más sobre análisis socio-políticos y otros temas de Joao Quiróz Gobea, puede pasar por su blog Medio Cerrado pinchando el enlace o copiando esta dirección:   http://mediocerrado.blogspot.com/ ]

martes, 23 de marzo de 2010

participe y déjese de cuentos!

Si, llegó el momento de ensayar narrativa.  El certamen "CreacionIstmo" abre la convocatoria para residentes en Centroamérica.  Se trata de un concurso de relato breve organizado por Catafixia Editorial y patrocinado por la iniciativa Pacto por la Vida de la UICN.

Así es que afilen lápiz, mis queridos seguidores y visitantes esporádicos, que ya llegó la hora de revisar ese relato que tienen por ahí guardado y pasarlo en limpio para mandarlo al concurso.  Las bases están en el sitio de Pacto por la Vida o en el de Catafixia Editorial.  El concurso cierra el 16 de julio del 2010, así es que da tiempo para tener listo ese relato que un día comentaremos aquí en El Cuento de los Martes.

martes, 16 de marzo de 2010

Muy viejos para los cuentos


Les tengo malas noticias.  Si están leyendo esto, seguro experimentan lo que se denomina una regresión.  Todo me lo aclaró una vendedora de apartamentos cuando le toqué el tema de la lectura.  Me dijo que a uno le gustan los cuentos cuando es niño, la poesía cuando es adolescente y las novelas cuando le va mal en el matrimonio.   Yo – me dijo –  ya pasé por todo eso, y agregó con firmeza: “yo era bien romántica, pero ya me curé”.

Las malas noticias no sólo tienen que ver con que los aquí presentes no hayamos  superado las etapas de esta psicología de a puñetes, sino con el estrecho sendero de la literatura.  A juicio de mi personaje de esta semana – que sinceramente creo que es el de una gran mayoría de personas en esta frívola ciudad de Panamá – mientras más rápido uno supere estas tres etapas de fantasía improductiva, mejor se adapta al mundo real. 

Casi le creo, miren.  Si no hubiera sido porque empezamos a hablar de política y economía, hubiera comenzado a deshacerme de mis libros de cuento en primer lugar.  Los de poesía los hubiera abandonado en un parque y a las novelas las hubiera guardado en cajas (por precaución).   Me dijo que era el momento propicio para comprar bienes costosos, porque el alza de los impuestos (un 2% en las compras gravables) los encarecería en unos meses, pero que claro que era una buena cosa lo que estaba haciendo el gobierno, porque con esa plata estaban ayudando a los pobres. 

¡Ajá! Empezaba a mostrar lo estúpida en pocos minutos.  Cualquiera que vea las noticias – aún los canales más entregados a la propaganda gubernamental – puede sacar las cuentas sin calculadora.  Este flamante nuevo gobierno encontró la fórmula perfecta para darle un subsidio de al menos 16 millones de dólares a los grandes comercios, borrando del mapa a las pequeñas tiendas y vendedores ambulantes.  Inventaron el “bono escolar” para comprar uniformes y materiales, le dieron un papelito de 20 dólares a unos 800,000 estudiantes en la primera semana de clase y les dieron fecha límite para usarlos.  Les agregaron  una mochila que se rompió en el primer paseo y la orden obligatoria de usar las bolsotas con propaganda del estado, aún cuando estuvieran rotas.

El bono escolar fue rápidamente usado hasta para comprar carteras en algunos almacenes y en otros se armó el caos porque pretendían obligar a la gente a comprar las porquerías que se les estaban quedando en los anaqueles.  No olviden que el primer día de escuela “hay” que llegar uniformado; y en las escuelas privadas hay que tenerlo todo antes de entrar.  No me pregunten si el bono se puede usar en partes, porque seguramente la cajera en el almacén dirá “se tiene que usar en su totalidad, señora, no damos vuelto por uso de bono….”, y la gente cogerá por ahí más borradores y cuadernos para completar.  Negocio redondo  ¿verdad? Imagínese que la cadena de supermercados propiedad del Presidente de Panamá ahora vende uniformes de escuelas públicas….y todavía dice la vendedora de apartamentos que a ella ya no le gustan los cuentos!!! 

martes, 2 de marzo de 2010

Oh, yes, I'm a great pretender

Tengo en casa cuatro ejemplares de la Revista Ati que me enorgullecen.  Es un producto hecho por gente lúcida y sensible, que no muestra ningún complejo absurdo por vivir y trabajar en el interior del país (en este caso Panajachel, Guatemala).   “Ati” es la revista del lago de Atitlán.  Podría decirse que es el concepto de la comunidad de cuenca, que naturalmente determina la cultura de un conglomerado humano.  Eso lo han entendido los del equipo Ati, quienes tienen una serie de productos estéticamente potables y culturalmente abarcadores.

Luego de la introducción necesaria, paso al cuento que hoy me ocupa, y que encontré en el No. 20 del Año 3.  Para los cibernautas, les paso el vínculo http://atihojaabierta.blogspot.com/2009/07/oh-yes-im-great-pretender.html en el cual lo pueden leer en cosa de un par de minutos.  Se llama "Oh, yes, I'm a great pretender" y su autor es Juan Carlos Pensamiento.

Resulta que esta historia es la de muchas personas, quienes – intentando encontrar en la pareja una tabla de salvación para su soledad – terminan justificando los comportamientos típicos del ¿infiel?  Y lo encierro en interrogantes porque no sé quién es más infiel, si ese que engaña a su pareja con otra persona, o quién se engaña a sí mismo con la idea de que alguien le pertenece o es su responsabilidad. 

El tiempo entre las 3:30 de la madrugada y las 7:30 de la mañana son bien llevados en una narración casi sin pausas.  Un ritmo sinuoso en el que su protagonista – que no logra conciliar el sueño – pasa de la racionalización a la indignación varias veces.  Justifica a “su amorcito” de juerga con los amigos y en poco tiempo se lo imagina de conquista.  “Le tengo confianza” se repite para sí, pero de alguna manera quienes vamos leyendo sabemos que cada llamada al celular revela otra gran mentira.   La voz protagonista (en cursivas) desespera por su posición resignada, pero la acción es aún más angustiante, porque sentimos la humillación progresiva como un dolor propio, como cuando tu amiga te dice que el marido tiene ya como dos semanas llegando tarde y borracho “porque está muy estresado con el trabajo”.  Una sabe que al mínimo comentario sensato, a la mínima insinuación viene ese gesto de orgullo que te cierra la puerta a la verdad.  Nos han enseñado que “en cosas de marido y mujer…mejor déjala correr”.

Me gusta el lenguaje.  Es coloquial, directo y natural.  “!Ala gran puta, cómo me he engordado!” dice cuando ve su propia imagen; “lo van a chingar sus amigos, van a pensar que soy psycho” piensa cuando se auto-convence de no llamarlo como por cuarta vez. 

Creo que el final pudo haber sido mejor, pero de alguna forma logra cortar esa angustia que nos oprime el corazón.  La corta, pero no la suprime.  Digamos que ya resolvió el problema, pero no como uno quisiera (que lo mande a la mierda sin retorno, que le haga la gran bronca, que se las corte en trocitos), lo deja ahí para saber o recordar que lo que mucha gente teme es estar sola. 

martes, 2 de febrero de 2010

El Banquero Anarquista

Fernando Pessoa era un genio, además de un excelente escritor.  Eso lo empecé a notar cuando Eduardo Soto me regaló “Critica” de Pessoa, pero ahora que rescaté este cuento de entre unos libros pendientes que tengo por ahí, estoy segura.  La ficción de Pessoa es también razón y crítica de los modelos sociales construidos para cuidar apariencias. El Banquero Anarquista entra en el género de los “cuentos de razonamiento”.  En verdad, no sé quién inventó esa categoría, pero la tónica es de tocar temas filosóficos, y – como en este caso – hasta políticos. 

El banquero de Pessoa está seguro de que es anarquista, y su interlocutor lo duda a cada momento, pues parece imposible que un hombre que acumula riquezas y que vive del Capitalismo pueda creerse un anarquista como los que predican costumbres muy radicales en torno a posesiones y el orden (mejor dicho desorden) social.

El autor y el personaje parecen mezclarse en uno solo cuando van al profundo de las teorías anarquistas, de las revoluciones que nunca lograron más que nuevos tiranos para el pueblos, de los líderes que se tornaron en nuevos dictadores y de los movimientos sociales que acabaron desgastados a través de la historia.  Esto lo decía en 1922 sin haber cruzado con nosotros este triste umbral de neoliberalismo en el que nos encontramos perdidos como sociedad y como seres humanos.

Una frase clave aquí es “Ellos son anarquistas y estúpidos; yo, anarquista e inteligente”, porque la desarrolla hasta el final, explicando cómo el anarquismo se contradice a cada rato, cuando – para lograr sus fines – utiliza la tiranía del liderazgo y el seguimiento de los dogmas que cada grupo se inventa para subsistir.  Dice el autor que uno nace hombre o mujer; no rico ni pobre, marido, católico, protestante, inglés o portugués, y agrega que “todas estas distinciones se hacen en virtud de las apariencias sociales”, pero no son naturales.  Alega que cuando el anarquismo pretende “sustituir” estas apariencias sociales por otras (incluyendo categorizarse como anarquista), está cayendo en aquello que combate.

La idea del banquero se va explicando a través de su historia de vida, en la cual va modificando todo aquello que le parece equivocado, hasta llegar a convertirse en un singular revolucionario a quien no le interesa el dinero, pero se lo ha quitado del camino a no pocas personas.

Me desespera un poco el ritmo de la historia, pues el escritor se da pausas para que el personaje recuerde, medite, encienda un puro y se ría de la inocencia de su compañero.  También me roba la calma las reiteraciones; aunque confieso que de no haber, hubiera tenido que hacer yo misma las pausas para digerir el contenido.  Por ejemplo, cuando dice que ayudar a alguien es tomarle por incapaz, en esta idea toca detenerse y pensar, pero el autor lo hace con uno, colocando una pausa en el discurso.  Sugiere, a través de una acción del banquero, que uno también se detenga a pensar en esto, que uno piense en la grave tiranía que es suponer que el otro no puede hacer algo por sí mismo.

Con este último razonamiento, el banquero lleva a otros a odiar a la sociedad como tal, pero viviendo en carne propia la inanición, la pobreza y la riqueza.  Tal parece que ha conducido a muchos a pensar y a luchar contra las convenciones, pero ¿no se volvió un poco tirano?  “No”, contesta el banquero, porque la tiranía está en las convenciones sociales, ellos se han hecho presa de las apariencias y sólo quien se libera de ellas “se libera”.

Así, magistralmente, quien lee “El banquero anarquista” es conducido por una historia que en tiempo real podría llevar al máximo una hora de conversación, que comienza al finalizar la cena y termina al levantarse de tan peculiar sobremesa.  Dentro de esta historia, un chico pobre pasa de pertenecer al movimiento anarquista, a convertirse en un estratega ideológico cuyos métodos le dejan a uno con ganas de una segunda parte.

Les invito a leer “El banquero anarquista” en el sitio Internet de Canarias Insurgente, en un documento “pdf” que pueden guardar en la computadora.  

martes, 19 de enero de 2010

El boxeador y el calypsonian (José de Jesús Martínez)

Cuando el nombre es lo más importante que se tiene – sino lo único –, hace falta defenderlo. Por eso “Lord Delicious” y “Sugar Baby” sólo se lo ceden a Dios, un dios a quien le da igual lo que el par de negros quieran hacer con sus nombres rimbombantes y se da la media vuelta pensando en otras cosas, seguramente más trascendentes en su quehacer.

Chuchú Martínez alude a nuestra cultura caribeña, en la cual el ritmo y la sonoridad juegan un papel significativo en el trato cotidiano, pero la reiteración de ambos conjuntos fonéticos tiene algo de intriga. Son lugares comunes que se burlan de los estándares. El de “la gente” es un agrado complaciente que hace sentir bien a quien, creyéndose superior, baja humildemente a la altura de un personaje popular.

Hay una crítica al racismo positivo, que ya no distingue un buen cantante de uno malo, un buen boxeador de un pelele, porque le simpatizan y le divierten las minorías raciales. También hay algo de sarcasmo en su historia, cuando menciona los nombres engavetados por el funcionario “a la salida de la vida”. Este último dato identifica al autor de “Cuentos para rodar” con su posición ante la muerte y otros temas relacionados.

Propongo leer esta historia en el vínculo de la revista Tragaluz, con ilustraciones de Ignacio Ortega y por el mismo precio (nada) conocer la colección completa de “Cuentos para rodar” del escritor José de Jesús Martínez.

martes, 29 de diciembre de 2009

anécdotas

Pequeñas historias personales que convierten a cualquier persona en un potencial cuenta-cuentos. "Yo tenía un profesor que se dormía en clase, pero sobre todo cuando nos ponía pruebas escritas. Así que una vez le hicimos una broma: la clase entera salió sigilosamente y dejamos los exámenes en el escritorio". Esa sería una anécdota inolvidable, lástima que nadie me la haya contado. Me pregunto si habrá ocurrido alguna vez.

Si, también hay quienes hacen de un detalle una falsa anécdota, un verdadero cuento inédito. Hay las que parecen mentira y otras que cuando van llegando al final revelan su inutilidad. Vaya que si. El autor comienza con gran entusiasmo y se va desinflando en cuanto se descubre a sí mismo en medio de una historia tonta.


Como se espera que los escritores tengan su anécdota personal con algún famoso, yo elijo contar la mía con Gabriel García Márquez. Para darle veracidad, les dejo el autógrafo adquirido.

Resulta que estaba yo en Cartagena (típica frase introductora), trabajando con la UNESCO y la FNPI. Mi contacto en la ciudad era una chica muy simpática, con la que organizamos un evento para periodistas. Tomábamos un descanso en mi habitación del hotel, cuando me pidió el teléfono para llamar a su tío, como solía hacer después de almuerzo. A pesar de que las llamadas en los hoteles suelen ser costosas, se lo presté. Pasados unos minutos empecé a pensar en esto del costo, pero algo me contuvo de protestar: ella le decía "tío Gabo" y le contaba que ya estaban en la ciudad los periodistas de Jaimito (Jaime Abello, el colombiano). "Viera tío, que estoy con Lucy, una panameña que tiene unos cuentos más buenos...". Y de pronto...me extiende el teléfono: mi tío, que la quiere conocer, dijo sin más pre-aviso que una pícara sonrisa.

¿Tu tío es Gabo, el escritor? Si, me dijo, ese. Y mi traicionero dedito índice empezó a decir que no como loco. Pero la suerte fue que la sobrina intrépida estuvo genial y con un par de comentarios más entre el teléfono y mi palidez, me acercó la oreja al auricular.

Hablamos. Fuimos grandes amigos y nos dimos cita en el lobby del hotel. Cuatro de la tarde y llegó vestido de blanco, pero un tropel de gente lo rodeó. Claro, periodistas. No firma autógrafos sino en libros y yo no tenía uno suyo. No, además se acabaron en la tienda del hotel. Si, demasiados periodistas, todos queriendo su anécdota con famoso. Yo ni siquiera era periodista, y cargaba mi nueva adquisición: historias de Cronopios y Famas, de Julio Cortázar, recién comprado mientras esperaba.

El feliz encuentro se dio en medio del tumulto. Yo soy Lucy. Ah...la panameña. Es un placer conocerte. Igualmente. ¿También quieres que te firme un libro? No, es que no tengo uno suyo, sino algo que acabo de conseguir. ¿Quieres que te lo firme? ¿Lo haría? Lo haría. Lo demás fue historia, señoras y señores: "Para Lucy, de uno que hubiera querido ser Julio, GG Márquez 99".

Fui muy feliz, porque a parte de constatar nuestra mutua admiración por Cortázar, la complicidad de una cita frustrada por la fama me dejó el buen sabor de conocer de un artista de la palabra, que es además humilde y honesto con la literatura. (Bueno, este párrafo es más bien después, cuando a uno le preguntan ¿y qué sentiste?).






martes, 15 de diciembre de 2009

Libro en mano

En El Cuento de los Martes, la costumbre es proponer un cuento. En mayoría de los comentarios hay un enlace en donde puedan encontrar la historia, pues sería pedante creer que todos tienen a mano los mismos libros que yo. Espero haber despertado la curiosidad de alguien y llevarlo a un libro de cuentos, a un autor, o bien, a un sitio de Internet que les parezca bueno.

Yo prefiero disfrutar de la literatura con libro en mano, pero confieso que mi educación literaria la hice a punta de fotocopias. Casi toda la carrera de Humanidades iba de la Biblioteca Simón Bolívar al Salón de Profesores, pidiendo préstamos y sacando copias de tal a tal página. Muchas otras veces tenía un texto copiado por quinta vez. Es una de las razones por las cuáles a veces no recuerdo a los autores que leí. La fotocopia no te da ese contacto con la tapa, en la que el autor se presenta en primer plano.

Un poco de lo mismo pasa con la Internet. Se puede leer un texto sin llegar a saber quién es su autor. Si no atrapa, uno hasta puede abandonar la lectura sin interesarse por indagar sobre el autor. Es algo muy superficial, pero pasa. Deja un vacío, pero a veces no. Puede ser que allí se descubra un modo de escribir que atraiga, y la vida puede cambiar con esta costumbre que para algunos resulta monstruosa.

En el conversatorio de hoy sobre el tema de las publicaciones en Panamá, se dieron comentarios muy desatinados en torno al tema de los lectores (por no hablar de malcriadeces varias). Tal parece que nadie se ha tomado la molestia de tratar de entender al receptor de la literatura. Se publican obras esperando que “el público” las acepte porque un grupito de intelectuales dice que uno debe. ¿Si fabricáramos papel higiénico morado, deberíamos molestarnos porque se nos quedan en los anaqueles? ¿Cuál sería la ruta lógica para hacer conocer sus bondades?

Los autores que hoy veneramos como clásicos no se vendieron bien en sus tiempos. Hoy parece que es más importante la fama que la oferta. Obsesiona la venta. Y lo peor fue escuchar que el Estado “gasta” mucho dinero en publicaciones que no retornan si quiera lo que vale producirlas. Ese comentario venido de un escritor, me deja pensando. Afortunadamente, un siquiatra salió a mi auxilio para explicar a los panelistas que de nada sirve la pose de airado, porque el problema está más allá de las propias narices. ¿De qué sirve una pseudo-industria de libros en un país sin calidad de vida? Hay que tragar sapos y culebras antes que alguien crea que es una inversión comprar un libro de poesía, sobre todo si los mismos que se supone que la promueven, dicen que es un gasto.

Creo que la cosa terminó con un mal sabor, que ni la misma Briseida Bloise, con todo su buen juicio, logró disipar. Al menos yo me fui con la idea de que si hubiera sido por pensamientos tan egoístas, mi acervo literario sería aún más chiquito de lo que es hoy, pues toda la literatura que compré en gangas, todas las fotocopias y los libros regalados por sus autores auto-promovidos, nunca me hubieran llegado como un soberano derecho a educarme sin tener 10 dólares para comprar una novela, un libro de cuentos o un poemario.

martes, 17 de noviembre de 2009

no me esperen despiertos...

...si, es que me voy pa'l cine, mi gente. Voy a ver La Ciencia del Sueño, principalmente porque es irresistible ir a ver a Gael García Bernal hablando en francés, pero también porque la dirige Michel Gondry, que es muy innovador y bueno con la música. De hecho, esta película ya se ganó un premio internacional por su música, la cual espero disfrutar montones.

Por ahí les echo el cuento!!!

martes, 3 de noviembre de 2009

fiestas patrias y otros cuentos

Desde que leí el ensayo “El 3 de noviembre”, escrito por Diógenes de la Rosa, supe que la historia oficial de Panamá era una mala ficción. Tuve la tentación de ir a reclamar a mis profesores de historia de la escuela, pero conversando con mis compañeros de universidad del turno de la noche (ellos rayando los 30 años y yo con 17) entendí que eran [los profesores] tan víctimas como yo de una práctica que era utilizada también por el César romano en sus peores momentos de estrategia militar. Si, el César ganaba muchas batallas a punta de encargos historiográficos. Así ganó, por ejemplo, la lucha contra los Celtas, difundiendo sus supuestas prácticas satánicas y convirtiendo la fiesta estival del inicio del Samhain en la parodia que hoy conocemos como Halloween o Día de Brujas. Pero también difundió que había ganado batallas que nunca se dieron y que había muerto gente que ni conocía.

En el caso Panamá, la cosa es penosa. Es decir, la misma historia oficial, desde el flamante “Descubrimiento de América” es un chiste sin gracia. Nada cuadra, nada tiene coherencia y las imágenes mucho menos tienen que ver con los genotipos que llenamos esta cintura americana. Por ejemplo, la foto de los “independentistas” tiene como protagonistas a unos señores de aspecto distante y occidental que nada tienen que ver con el Panamá criollo. Quienes hemos recitado la historia oficial con fines académicos, lo hemos hecho como se repite el credo en la ceremonia de confirmación de la Iglesia Católica: oliéndonos el cuento, pero sin más remedio que dejar las dudas para la almohada.

P E R O existen personas que se aprendieron el credo histórico, con la condición de que se les diera cuenta de cada palabra, y esos son quienes hoy – acusados de herejes de la patria – nos traen las incongruencias del proceso de independencia (más de 80 años entre lo de salir de España y desentendernos de la Gran Colombia) con las posibles respuestas filosóficas, económicas y políticas de lo que se cocinó en las aguas del Canal de Panamá. El ensayo de Celestino Araúz sobre la separación de Panamá de Colombia (disponible en la Revista Tareas 117) es tan detallista que indica las edades de los supuestos próceres y sus actividades económicas. Mejor dicho, quién trabajaba para quiénes y por qué le toco tal papel en el guión.

Otro hereje que anda suelto es un joven cuyo libro tiene la osadía de llamarse “How Wallstreet created a Nation” (JP. Morgan), en el que incluso muestra pruebas de los pagos y transacciones que se hicieron alrededor de la Separación de Panamá de Colombia. Otra vez los historiadores señalan que el libro es inexacto, indecente e imposible, pero para qué dudar, si la mejor prueba es el Tratado Hay-Bunau Varilla del 18 de noviembre de 1903, que otorga 10 millas de terreno “a perpetuidad” para la construcción y manejo del Canal. Dígame si en Estados Unidos no debería declararse fiesta nacional este martes?

Y para no desentonar con el rasgo intolerante y totalitario de estas fiestas patrias en Panamá, debemos recordar cómo el catedrático universitario Julio Yao ha sido acusado por el gabinete en pleno de cambiar la historia, una historia que conviene no desempolvar para volver a firmar un tratado como el Hay-Bunau Varilla (¿o será Bunau VARELA?), que permita colocar bases militares estadounidenses en Panamá “para cooperar con la lucha contra”….uy, ya se me olvidó cómo era el cuento!



martes, 27 de octubre de 2009

Siestas Dominicales

Este singular cuento de la escritora Claribel Alegría (disponible aquí en Latino Literature), publicado en 1997 por UCA Editores en El Salvador, va de la mano con una realidad indiscutible, que su autora supo destacar con una sencillez aterradora. Me refiero a la candidez, aquella maravillosa condición que solemos perder cuando todavía pudieramos seguir siendo felices en su hermosa presencia.

Aunque esta historia lanza muchos cuestionamientos, lo cierto es que también nos recuerda que una vez fuimos niños para asombrarnos, para absorver comportamientos de los grandes, y sobre todo para pensar que todo lo sabíamos imitar bien. Se sabe que si, que los niños - y no sólo estos intrépidos niños narrados por Claribel - encuentran sus propias explicaciones, que tienen sus lógicas particulares y que para ellos todo es un juego; pero es difícil pensar que podrían actuar una escena sexual sin los recovecos que le implantamos los adultos. Es decir, toda la cuestión mental y sentimental se ve simplificada en esta historia, que nos descoloca por su contundente veracidad.

La escritora usa principalmente el diálogo como recurso narrativo, y una diría que no cabe más nada, porque en cuestión de niños, cualquier interpretación queda sobrando. Sin embargo, cuando recurre a la narración de testigo, pareciera que se tratara de otro niño; ya que describe la situación casi que con igual inocencia. Es como si hubiera decidido dejar que una niña o un niño nos contaran esta historia desde su punto de vista.

Hay muy pocas palabras, como "alborozada", "implorando" y "exhaló", las cuales tal vez pudieran despistar de éste último dato, pero por lo demás, se deja leer como si fuera un relato infantil, pero domesticado con buen manejo del ritmo y estructurado para disfrutar el entorno veraniego de estas aventuras pueriles.


martes, 20 de octubre de 2009

El peligro de una única historia

Chimmamanda Ngozi Adichie es una joven escritora nigeriana, académica de Yale, con una propuesta artística muy concreta: entender que hay varias versiones de cada historia. De ella se dice que es la promesa literaria de Africa, un continente que - como dice Adichie en una entrevista para la televisión portuguesa - está acostumbrado a escuchar lo que otros cuentan de su vida. Le preocupa que no haya mucha literatura escrita por africanos, sobre todo porque a lo largo de la historia son los europeos quienes narran a sus antepasados (y a sus contemporáneos) como "animales sin cabeza con los ojos dibujados en la ropa", legiones enteras plagadas con el HIV, miserables sin educación ni futuro y gente abatida por la guerra.

Pero la propuesta de su conferencia "The danger of a single story" puede y debe ser tomada por los latinoamericanos, como una invitación a seguir contando nuestra versión de la historia, de nuestra gente, de nuestras tierras. Ella, por ejemplo, nos habla de un México que conoció en las universidades de los Estados Unidos. Dice que son contrabandistas, ladrones, indocumentados e ignorantes, a quienes ella esperaba encontrar en su primer viaje a ese país.
Adichie nos recuerda cuan impresionables somos ante la literatura, particularmente cuando somos infantes, y nos pone como ejemplo su propio caso. Ella, nacida en la clase media nigeriana, educada en el contexto de una ciudad universitaria por el trabajo de sus padres, contaba sus primeras historias con personajes de grandes ojos azules, que jugaban en la nieve, añoraban el sol y tomaban Ginger Beer.

Personalmente, y apoyada por las muñecas Barbie de todo el vecindario, el imaginario de lo normal para mi, también fue un mundo de bosques de pino, abrigos de lana, casitas con el techo de dos aguas y árboles de manzana. En mi patio crecían limones, papayas, yuca y ñame. Me frustraba eso, y tener un gallinero en vez de patos u ovejas. Siempre me angustió no entender qué era un huso, como el que le cambió la vida a La Bella Durmiente. Eso, además de no entender exactamente en qué consistía ser bella y por qué todas las bellas vivían al otro lado del mundo, usaban abrigos rojos y tenían la cara rosada.

Aunque esta mujer menciona al filósofo John Locke como fundador en occidente de ideas erróneas sobre África en muchos de sus ensayos, no parece creer que esto tenga más peso en el imaginario mundial que toda la literatura que se expande sobre las grandes llanuras africanas, en las que los nativos se entremezclan promiscuamente con los animales y brincan de gusto al ver a un hombre blanco vestido con extraños sombreros y ropa color de arena. Lo mismo ocurre en el arte audiovisual, como lo planteaba la antropóloga costarricense Anabel Contreras, en su conferencia sobre la deformación de América Latina en el cine. Ésta última, nos recordaba como Disney presenta al personaje José Carioca (el latin lover de las caricaturas) en el corto animado "Aquarela do Brazil", en el año 1942. Así es que para quienes conocieron esta versión de nuestras tierras tropicales, se dejaron impresionar por una vegetación que hace coreografías y coros, una fauna servicial, y personajes que sacan música hasta de un paraguas, que beben aguardiente como si fuera jugo de frutas, que caminan bailando, con ese potencial sexual envidiable y esa forma de hablar inentendible, pero con una admiración extrema por Hollywood. Así nos diseñaron y así fuimos poco a poco cediendo para encajar con el imaginario creado por quienes escribieron nuestra historia.
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Por todo lo anterior, Chimmamanda Ngozi Adichie, escritora nigeriana y académica de Yale, nos invita a escribir y a consumir literatura en la que nosotros nos contemos a nosotros, en la que reconstruyamos lo devastado por tanta incomprensión, por tanta lucha de poder, por tanta tiranía y racismo.

martes, 13 de octubre de 2009

Rey Barría y las "Ánimas Volcánicas"

"Como todos los viernes en la tarde, los parroquianos de "El Volcán" se disputaban sillas y mesas con los clientes recientes que han descubierto un lugar y un pretexto en donde comer un buen pescado frito acompañado de una veintena de cervezas".

Con estas palabras, comienza Rey Barría su cuento "Ánimas Volcánicas" del libro "cuentos.com/probados", una historia en la cual se entreteje lo fantástico, lo anecdótico y lo histórico. Si, El Volcán es efectivamente un sitio así como lo describe el autor a lo largo de su relato. Tal vez es cierto que en su rockola, llamada "El Cementerio" por su colección de intérpretes difuntos como Beny Moré, Rolando La Serie y Celeste Mendoza, había un letrero que decía "Terminantemente prohibido bailar" (no lo recuerdo bien), pero si recuerdo que las veces que fui allí, nos vimos obligados a salir antes de la media noche, porque así fuera que estaba al desborde, cerraban relativamente temprano.

Si claro, de hecho creo que conocí a Rey Barría en El Volcán, junto a los compañeros del Colectivo José Martí, con quienes nos congregábamos los sábados después del taller literario. Allí también conocí al arquitecto Kourany, gente con la que muchas lunas después compartimos en El Cuento de los Martes. En esos días pude experimentar lo cierto de que "cuando una mujer entra a "El Volcán" se hace más linda y esbelta, pero cuando sale pierde esos atributos que sólo son posibles apreciarlos en las pupilas dilatadas de los bebientes activos". También recuerdo al mesero que sabía si iba a llover por una platina que tenía en la rodilla, así como a los gatos que frecuentaban los alrededores en busca de sus espinas de pescado.

Pero con los años de ser parroquiando del ex-jorón, seguramente Rey Barría, como otros tantos fieles, se habrán preguntado por qué nunca se permitían cerrar después de las once de la noche. Y seguramente entre esas elucubraciones nace esta narración de lo que pudo ser una noche en las intimidades misteriosas de El Volcán.

Es un texto muy rico en descripciones, con un toque poético. Su tono recuerda levemente algunas historias de Cortázar, pero conserva su atención en los hechos locales, en los contextos lúdicos que rodean a la referencia principal, que es el entrañable local citadino. Este libro salió en el 2003, justo cuando El Cuento de los Martes nacía en sus andanzas y los parroquianos del bar Mi Habana pudimos disfrutar de las lecturas de su autor y adquirir un ejemplar para disfrutarlos en nuestra propia intimidad, o como ahora, con el mundo cibernético.

martes, 6 de octubre de 2009

A clean well-lighted place

Se dice que este es uno de los mejores cuentos de Hemingway. De hecho, James Joyce en Conversations with James Joyce, llegó a afirmar que era uno de los mejores cuentos de la literatura, ya que con él había logrado reducir al máximo el velo entre la literatura y la vida real.

Si tomáramos la historia en su conjunto, diríamos que se trata de dos meseros al final de su turno, que deben atender a un anciano alcohólico, quien frecuenta el establecimiento con cierta regularidad. Uno de los meseros, el joven, está ansioso por retirarse, y el otro, más maduro, trata de entender al cliente y hasta siente cierta empatía por su situación. De allí, que el nombre de la historia, que traducido al castellano diría más o menos “un lugar limpio y bien iluminado”, describa un conjunto de características bien definidas y que hasta podrían sonar un poco obsesivas. Pero el octogenario al que se refieren los meseros decide sentarse justo debajo de la sombra de unas ramas, lo cual hace menos comprensible su elección por una cafetería para tomarse unos tragos, habiendo tanto bar disponible en las inmediaciones.

Dicho lo anterior, no nos adentraremos en los afanes de los meseros, a menos que sea para decir que están hablando de la moral. Ojo, que no he dicho moralismo, sino aquello que se refiere a las conductas humanas. Con cierta razón, el mesero joven piensa en el viejo como un egoísta, un caprichoso que lo tiene todo (porque tiene dinero) y quien prefiere suicidarse como por molestar. El otro mesero piensa en asuntos menos simples, como la soledad, como la pobreza de espíritu o – mejor aún – la dignidad de tomarse un trago en un lugar sin ruidos, un lugar limpio y ordenado.

Y más allá del diálogo, volvamos a Joyce y ahondemos en la entrega personal del autor a la historia. Hemingway habla de cosas que conoce y que vive. Él mismo es alcohólico, vivió en dos países de habla hispana, completamente incomprendido en su cultura, solo y – aunque vivió cómodamente – tal vez más carente que un salonero cualquiera, a quien le espera en casa una mujer amada. Hemingway, buscando siempre la luz, pero siempre a la sombra. Lindo dato si se quiere leer entre líneas. Como el protagonista, su autor ha intentado ya suicidarse y ha pasado por varias depresiones.

Pero hay una escena que pasa casi desapercibida, o tal vez desteñida por el diálogo de los meseros. Un joven soldado y su acompañante pasan caminando cerca del local. ¿Es el mismo Hemingway que una vez fue soldado? ¿Es el mismo Hemingway enamorado una y otra vez? No lo sabremos realmente, como nunca sabremos si el final de su vida fue o no por su propia mano. Para ambas interrogantes, Ernest Hemingway nos deja claras posiciones en este breve episodio con grandes temas humanos.