martes, 3 de mayo de 2011
Cuento de horror
martes, 26 de abril de 2011
La flaca
No es sólo el estribillo pegajoso lo que nos seduce, sino lo que compartimos en nuestras fantasías (o realidades) con el autor.
En los versos de La flaca, del grupo español Jarabe de Palo, encontramos la sensualidad desgarbada del personaje que admiramos y que nos aviva un deseo apaleado por la libertad. Quien a La flaca le canta la sabe libre, la sabe dueña de si, de su tiempo, para nada una fémina sumisa que se deje dominar siquiera por el "bienestar material".
Suma mucho la voz de Pau Donés, que tiene una particular manera de echar el cuento como si fuera un dolorcito. Lo es, lo es porque sabes que las personas no son propiedad de nadie y sólo deseas estar con alguien, pero ni siquiera sabes si es posible. A veces, incluso sabes que estás como lejos de esa paila y lo único que pides es una solita oportunidad.
La flaca es pues la historia del eterno enamorarse y saberse perdido en este gran libro de cuentos que puede ser el destino, ese que te coloca delante de alguien y también te lo aleja. La canción termina con un fading bien intencional, casi melancólico y bastante lejano al tono que introduce. Cantándola, uno se diluye en ese mismo estribillo sin aparente final, porque ¿cuál es el final? ¿Después de ese beso -si te lo diera-, qué?
martes, 29 de marzo de 2011
les tengo sin noticias
Ya me volví puro cuento!
martes, 11 de enero de 2011
Cuento viejo
martes, 16 de noviembre de 2010
"Educación" es el nombre de un negocio.
martes, 9 de noviembre de 2010
"Te reto"
martes, 28 de septiembre de 2010
Recovecos de la mente
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/poe/barrilde.htm
martes, 27 de julio de 2010
Sembradores del mañana
miércoles, 14 de julio de 2010
martes, 18 de mayo de 2010
si un poeta nos visita
martes, 11 de mayo de 2010
el martes de un poeta
"En este enterradero todos tenemos epitafio" comienza diciendo el poema "El enterradero de El Ciprián" con el que acompañó algunas anécdotas sobre la historia que motiva al poemario merecedor de una Mención de Honor en el Premio Casa de las Américas 2010. Y así seguimos compartiendo con este joven, que entre los nuestros es de los mejores, que tiene un trabajo sostenido, serio y comprometido con la poesía. No faltaron las miradas de admiración entre los presentes, que lo recorrían buscando tal vez más edad, pero alegres de encontrar en su juventud la esperanza de la palabra.
Al terminar la lectura del poeta, tuvimos tiempo para otro cuento y compartimos "El Padre" del chileno Olegario Lazo; una historia que data de las primeras décadas del siglo XX, pero que mantienen vigente ese amor paternal, esa pureza con la que somos amados más comúnmente por la madre, sin exigir de nosotros los hijos un gesto de agradecimiento, siempre justificando las majaderías como errores propios y sobre todo, comiendo mierda-con-mierda (como diría Chuchú Martínez) al amparo de saber que el hijo está bien y que es feliz.
Pero como no todo es nostalgia ni tristezas, tuvimos la alegría de conocer a Daniel Andrade y su guitarra, que vinieron desde Venezuela con Isabelle Granger a rescatar algo más que gente en desastres naturales, sino corazones en desastres existenciales. Daniel trabajó hace poco en el proyecto "Cinema Sun" al cual se pasa la invitación para ver videos y escuchar música en el respectivo enlace antes colocado.
Ya sé que les dejé el enredo con tanto enlace, pero así quedaron nuestras mentes con tantos llamados desde la narrativa, la música y la poesía. Les esperarmos este martes 18 en Rayuela Bar desde las 7 de la noche con el poeta guatemalteco Daniel Matul en "si un poeta nos visita". Estará muy bueno, no se lo pierdan.
martes, 4 de mayo de 2010
Juegos de cama en Rayuela Bar
A N U N C I O importante:
martes, 13 de abril de 2010
Martes de Mujeres...y los hombres también van!
martes, 6 de abril de 2010
Los alacranes
martes, 23 de marzo de 2010
participe y déjese de cuentos!
martes, 16 de marzo de 2010
Muy viejos para los cuentos
martes, 2 de marzo de 2010
Oh, yes, I'm a great pretender
Me gusta el lenguaje. Es coloquial, directo y natural. “!Ala gran puta, cómo me he engordado!” dice cuando ve su propia imagen; “lo van a chingar sus amigos, van a pensar que soy psycho” piensa cuando se auto-convence de no llamarlo como por cuarta vez.
martes, 2 de febrero de 2010
El Banquero Anarquista
El banquero de Pessoa está seguro de que es anarquista, y su interlocutor lo duda a cada momento, pues parece imposible que un hombre que acumula riquezas y que vive del Capitalismo pueda creerse un anarquista como los que predican costumbres muy radicales en torno a posesiones y el orden (mejor dicho desorden) social.La idea del banquero se va explicando a través de su historia de vida, en la cual va modificando todo aquello que le parece equivocado, hasta llegar a convertirse en un singular revolucionario a quien no le interesa el dinero, pero se lo ha quitado del camino a no pocas personas.
martes, 19 de enero de 2010
El boxeador y el calypsonian (José de Jesús Martínez)

Cuando el nombre es lo más importante que se tiene – sino lo único –, hace falta defenderlo. Por eso “Lord Delicious” y “Sugar Baby” sólo se lo ceden a Dios, un dios a quien le da igual lo que el par de negros quieran hacer con sus nombres rimbombantes y se da la media vuelta pensando en otras cosas, seguramente más trascendentes en su quehacer.
Chuchú Martínez alude a nuestra cultura caribeña, en la cual el ritmo y la sonoridad juegan un papel significativo en el trato cotidiano, pero la reiteración de ambos conjuntos fonéticos tiene algo de intriga. Son lugares comunes que se burlan de los estándares. El de “la gente” es un agrado complaciente que hace sentir bien a quien, creyéndose superior, baja humildemente a la altura de un personaje popular.
Hay una crítica al racismo positivo, que ya no distingue un buen cantante de uno malo, un buen boxeador de un pelele, porque le simpatizan y le divierten las minorías raciales. También hay algo de sarcasmo en su historia, cuando menciona los nombres engavetados por el funcionario “a la salida de la vida”. Este último dato identifica al autor de “Cuentos para rodar” con su posición ante la muerte y otros temas relacionados.
Propongo leer esta historia en el vínculo de la revista Tragaluz, con ilustraciones de Ignacio Ortega y por el mismo precio (nada) conocer la colección completa de “Cuentos para rodar” del escritor José de Jesús Martínez.
martes, 29 de diciembre de 2009
anécdotas

martes, 15 de diciembre de 2009
Libro en mano
En El Cuento de los Martes, la costumbre es proponer un cuento. En mayoría de los comentarios hay un enlace en donde puedan encontrar la historia, pues sería pedante creer que todos tienen a mano los mismos libros que yo. Espero haber despertado la curiosidad de alguien y llevarlo a un libro de cuentos, a un autor, o bien, a un sitio de Internet que les parezca bueno.
Yo prefiero disfrutar de la literatura con libro en mano, pero confieso que mi educación literaria la hice a punta de fotocopias. Casi toda la carrera de Humanidades iba de la Biblioteca Simón Bolívar al Salón de Profesores, pidiendo préstamos y sacando copias de tal a tal página. Muchas otras veces tenía un texto copiado por quinta vez. Es una de las razones por las cuáles a veces no recuerdo a los autores que leí. La fotocopia no te da ese contacto con la tapa, en la que el autor se presenta en primer plano.
Un poco de lo mismo pasa con la Internet. Se puede leer un texto sin llegar a saber quién es su autor. Si no atrapa, uno hasta puede abandonar la lectura sin interesarse por indagar sobre el autor. Es algo muy superficial, pero pasa. Deja un vacío, pero a veces no. Puede ser que allí se descubra un modo de escribir que atraiga, y la vida puede cambiar con esta costumbre que para algunos resulta monstruosa.
En el conversatorio de hoy sobre el tema de las publicaciones en Panamá, se dieron comentarios muy desatinados en torno al tema de los lectores (por no hablar de malcriadeces varias). Tal parece que nadie se ha tomado la molestia de tratar de entender al receptor de la literatura. Se publican obras esperando que “el público” las acepte porque un grupito de intelectuales dice que uno debe. ¿Si fabricáramos papel higiénico morado, deberíamos molestarnos porque se nos quedan en los anaqueles? ¿Cuál sería la ruta lógica para hacer conocer sus bondades?
Los autores que hoy veneramos como clásicos no se vendieron bien en sus tiempos. Hoy parece que es más importante la fama que la oferta. Obsesiona la venta. Y lo peor fue escuchar que el Estado “gasta” mucho dinero en publicaciones que no retornan si quiera lo que vale producirlas. Ese comentario venido de un escritor, me deja pensando. Afortunadamente, un siquiatra salió a mi auxilio para explicar a los panelistas que de nada sirve la pose de airado, porque el problema está más allá de las propias narices. ¿De qué sirve una pseudo-industria de libros en un país sin calidad de vida? Hay que tragar sapos y culebras antes que alguien crea que es una inversión comprar un libro de poesía, sobre todo si los mismos que se supone que la promueven, dicen que es un gasto.
Creo que la cosa terminó con un mal sabor, que ni la misma Briseida Bloise, con todo su buen juicio, logró disipar. Al menos yo me fui con la idea de que si hubiera sido por pensamientos tan egoístas, mi acervo literario sería aún más chiquito de lo que es hoy, pues toda la literatura que compré en gangas, todas las fotocopias y los libros regalados por sus autores auto-promovidos, nunca me hubieran llegado como un soberano derecho a educarme sin tener 10 dólares para comprar una novela, un libro de cuentos o un poemario.
martes, 17 de noviembre de 2009
no me esperen despiertos...
Por ahí les echo el cuento!!!
martes, 3 de noviembre de 2009
fiestas patrias y otros cuentos
Desde que leí el ensayo “El 3 de noviembre”, escrito por Diógenes de la Rosa, supe que la historia oficial de Panamá era una mala ficción. Tuve la tentación de ir a reclamar a mis profesores de historia de la escuela, pero conversando con mis compañeros de universidad del turno de la noche (ellos rayando los 30 años y yo con 17) entendí que eran [los profesores] tan víctimas como yo de una práctica que era utilizada también por el César romano en sus peores momentos de estrategia militar. Si, el César ganaba muchas batallas a punta de encargos historiográficos. Así ganó, por ejemplo, la lucha contra los Celtas, difundiendo sus supuestas prácticas satánicas y convirtiendo la fiesta estival del inicio del Samhain en la parodia que hoy conocemos como Halloween o Día de Brujas. Pero también difundió que había ganado batallas que nunca se dieron y que había muerto gente que ni conocía.
En el caso Panamá, la cosa es penosa. Es decir, la misma historia oficial, desde el flamante “Descubrimiento de América” es un chiste sin gracia. Nada cuadra, nada tiene coherencia y las imágenes mucho menos tienen que ver con los genotipos que llenamos esta cintura americana. Por ejemplo, la foto de los “independentistas” tiene como protagonistas a unos señores de aspecto distante y occidental que nada tienen que ver con el Panamá criollo. Quienes hemos recitado la historia oficial con fines académicos, lo hemos hecho como se repite el credo en la ceremonia de confirmación de la Iglesia Católica: oliéndonos el cuento, pero sin más remedio que dejar las dudas para la almohada.
P E R O existen personas que se aprendieron el credo histórico, con la condición de que se les diera cuenta de cada palabra, y esos son quienes hoy – acusados de herejes de la patria – nos traen las incongruencias del proceso de independencia (más de 80 años entre lo de salir de España y desentendernos de la Gran Colombia) con las posibles respuestas filosóficas, económicas y políticas de lo que se cocinó en las aguas del Canal de Panamá. El ensayo de Celestino Araúz sobre la separación de Panamá de Colombia (disponible en la Revista Tareas 117) es tan detallista que indica las edades de los supuestos próceres y sus actividades económicas. Mejor dicho, quién trabajaba para quiénes y por qué le toco tal papel en el guión.
Otro hereje que anda suelto es un joven cuyo libro tiene la osadía de llamarse “How Wallstreet created a Nation” (JP. Morgan), en el que incluso muestra pruebas de los pagos y transacciones que se hicieron alrededor de la Separación de Panamá de Colombia. Otra vez los historiadores señalan que el libro es inexacto, indecente e imposible, pero para qué dudar, si la mejor prueba es el Tratado Hay-Bunau Varilla del 18 de noviembre de 1903, que otorga 10 millas de terreno “a perpetuidad” para la construcción y manejo del Canal. Dígame si en Estados Unidos no debería declararse fiesta nacional este martes?
Y para no desentonar con el rasgo intolerante y totalitario de estas fiestas patrias en Panamá, debemos recordar cómo el catedrático universitario Julio Yao ha sido acusado por el gabinete en pleno de cambiar la historia, una historia que conviene no desempolvar para volver a firmar un tratado como el Hay-Bunau Varilla (¿o será Bunau VARELA?), que permita colocar bases militares estadounidenses en Panamá “para cooperar con la lucha contra”….uy, ya se me olvidó cómo era el cuento!
martes, 27 de octubre de 2009
Siestas Dominicales
Este singular cuento de la escritora Claribel Alegría (disponible aquí en Latino Literature), publicado en 1997 por UCA Editores en El Salvador, va de la mano con una realidad indiscutible, que su autora supo destacar con una sencillez aterradora. Me refiero a la candidez, aquella maravillosa condición que solemos perder cuando todavía pudieramos seguir siendo felices en su hermosa presencia.martes, 20 de octubre de 2009
El peligro de una única historia
martes, 13 de octubre de 2009
Rey Barría y las "Ánimas Volcánicas"
"Como todos los viernes en la tarde, los parroquianos de "El Volcán" se disputaban sillas y mesas con los clientes recientes que han descubierto un lugar y un pretexto en donde comer un buen pescado frito acompañado de una veintena de cervezas".martes, 6 de octubre de 2009
A clean well-lighted place
Se dice que este es uno de los mejores cuentos de Hemingway. De hecho, James Joyce en Conversations with James Joyce, llegó a afirmar que era uno de los mejores cuentos de la literatura, ya que con él había logrado reducir al máximo el velo entre la literatura y la vida real.
Si tomáramos la historia en su conjunto, diríamos que se trata de dos meseros al final de su turno, que deben atender a un anciano alcohólico, quien frecuenta el establecimiento con cierta regularidad. Uno de los meseros, el joven, está ansioso por retirarse, y el otro, más maduro, trata de entender al cliente y hasta siente cierta empatía por su situación. De allí, que el nombre de la historia, que traducido al castellano diría más o menos “un lugar limpio y bien iluminado”, describa un conjunto de características bien definidas y que hasta podrían sonar un poco obsesivas. Pero el octogenario al que se refieren los meseros decide sentarse justo debajo de la sombra de unas ramas, lo cual hace menos comprensible su elección por una cafetería para tomarse unos tragos, habiendo tanto bar disponible en las inmediaciones.
Dicho lo anterior, no nos adentraremos en los afanes de los meseros, a menos que sea para decir que están hablando de la moral. Ojo, que no he dicho moralismo, sino aquello que se refiere a las conductas humanas. Con cierta razón, el mesero joven piensa en el viejo como un egoísta, un caprichoso que lo tiene todo (porque tiene dinero) y quien prefiere suicidarse como por molestar. El otro mesero piensa en asuntos menos simples, como la soledad, como la pobreza de espíritu o – mejor aún – la dignidad de tomarse un trago en un lugar sin ruidos, un lugar limpio y ordenado.
Y más allá del diálogo, volvamos a Joyce y ahondemos en la entrega personal del autor a la historia. Hemingway habla de cosas que conoce y que vive. Él mismo es alcohólico, vivió en dos países de habla hispana, completamente incomprendido en su cultura, solo y – aunque vivió cómodamente – tal vez más carente que un salonero cualquiera, a quien le espera en casa una mujer amada. Hemingway, buscando siempre la luz, pero siempre a la sombra. Lindo dato si se quiere leer entre líneas. Como el protagonista, su autor ha intentado ya suicidarse y ha pasado por varias depresiones.
Pero hay una escena que pasa casi desapercibida, o tal vez desteñida por el diálogo de los meseros. Un joven soldado y su acompañante pasan caminando cerca del local. ¿Es el mismo Hemingway que una vez fue soldado? ¿Es el mismo Hemingway enamorado una y otra vez? No lo sabremos realmente, como nunca sabremos si el final de su vida fue o no por su propia mano. Para ambas interrogantes, Ernest Hemingway nos deja claras posiciones en este breve episodio con grandes temas humanos.


