martes, 17 de julio de 2012

Kipling, escribiendo como niño


Tal vez la clave para escribir un buen cuento infantil se encuentre en la historia de Kipling al escribir Just so.  Esta colección se escribió desde el profundo afecto que el escritor inglés mostró ante la inminente muerte de su hija Josephine, quien tras agarrar una gripe en un viaje a los Estados Unidos con su padre, se fue debilitando hasta quedar dormida para siempre.

Effie tenía siete años, la edad en la que la fantasía y las preguntas sobre la vida se entremezclan en una sola persona.  Kipling, además poeta y periodista, utilizó la narrativa como medicina de alivio para su pequeña ya sin fuerzas.  Le contaba estos cuentos para que descansara y después de un tiempo de su fallecimiento, decidió escribirlos e incluso ilustrarlos personalmente.  Mandó la colección a su editor, quien los puso a prueba con su propio hijo, también de siete años.  Nicolas les puso nombre y pidió por ello una pequeña regalía, que más adelante le haría próspero, ya que los Just so se vendieron muy bien en su primera edición en Inglaterra.

Ilustración del cuento "Las manchas del Leopardo"
Yo me encontré una versión en castellano en una librería local.  Se llama Cuentos Exactamente así y hacen la salvedad sus editores (Ediciones Diada de Argentina) de que el sólo hecho de traducirlos ha sido una irreverencia para con Kipling y sus últimos deseos, pero que guardan la esperanza de que esta versión – en vez de ponerlos a descansar, como a la pequeña Effie – despierte niños, que es en definitiva “la función de la literatura”.

Pero no tienen por qué pelear ambos efectos.  En el caso de las historias de Rudyard Kipling, los cuentos tienen varias características, que por un lado pueden tranquilizar al niño más inquieto y por el otro, despertarle en imaginación y vuelo semántico.  Lo primero es que están muy bien contadas, con un ritmo que no te dejan ganas sino de escuchar el final.  Cada elemento que introduce es como una llave para abrir la siguiente puerta.  Luego es atrevido, como buen niño en el que se convirtió el autor para inventar estas bellas historias.  En esa misma línea, le da su propio sentido a la vida; da explicaciones fantásticas sobre hechos naturales que damos por sentados.  Además, trabaja la descripción generosamente. Estira, jala, ilumina y tuerce a sus personajes – casi todos animales – hasta darles forma en el intelecto. Y – tal vez – por último, otorga un por qué y un cómo, que son dos preguntas ejemplares cuyas respuestas siempre buscan los niños inquietos, inteligentes y creativos.

Cualquier otra técnica para literatura infantil como la onomatopeya o la repetición, pueden parecer hasta aburridas para los niños, si no se acompañan por esas respuestas que quieren de la vida.  Yo digo que Kipling se hizo niño con su niña y por eso sus historias deben contarse Exactamente así, como yo las encontré… o Precisamente así, como se las regalo a ustedes en este sitio donde las encontré en la maravillosa Internet donde ustedes y yo conversamos algunos martes. 

martes, 19 de junio de 2012

Suspensión de la incredulidad


Hay una grave enfermedad que usted puede tener sin haberse percatado. Las científicas del cuento, la llamamos Déficit de incredulidad suspendida.  Se trata de una habilidad mental natural con la que podemos disfrutar de un cuento.

También aplica para ver películas, telenovelas, profesar religiones, aceptar planes de gobierno de partidos políticos y reportes de bienestar social de parte de gobiernos que andan negociando con los bienes del Estado.  Claro, estos dos últimos usos son ya lo que se conoce como “malas prácticas en la suspensión de la incredulidad”.  Esto ocurre cuando abusamos de la facultad para creer, cuando perdemos el sentido común, cuando pensamos que nuestras acciones no tendrán consecuencias; en resumen, cuando no hemos logrado madurar.

Pero la suspensión de la incredulidad no tiene nada que ver con la inmadurez.  Ella es como un pase que el lector o espectador debe adquirir para poder disfrutar de la obra.  Sin esta, todo el esfuerzo literario se estrella contra el cuestionamiento innecesario.  ¿Acaso los lobos hablan? ¿Una nietecita no puede diferenciar un lobo empijamado de su propia abuelita? ¿Cómo vuela un ser sin alas? ¿De dónde salen tantas mariposas amarillas?

Hay que apagar ese motor y viajar en el piloto automático. Debemos firmar el contrato con quién ha escrito la obra y concentrarnos en la historia, suspender esa tendencia a desconfiar y dejarla para cuando el funcionario de gobierno nos diga uno de sus cuentos

martes, 10 de abril de 2012

Convocatoria [Radiador]


El fancine [Radiador] convoca colaboraciones para su próximo número con el tema Fauna Fantástica. De una a tres cuartillas en letra times new roman punto 12 y espaciado sencillo con textos sobre quimeras, mitologías interiores, demonios personales o similares, serán recibidas en el correo de radiadorfanzine en gmail.com

Recuerden incluir nombre, lugar y año de nacimiento, supongo que para los créditos, ya que [Radiador] es un proyecto mexicano que trabaja principalmente con jóvenes en sensibilidad artística, pero cuyo interés es la divulgación de literatura hispanoamericana como una forma de construir sociedad.

No dejen de pasar por http://molinodecuentoinfo.blogspot.com/ para que conozcan más de sus proyectos y vean la animación del mes que está buenísima.  También pueden ir descaradamente a ver cuento.tv y ver animaciones hasta que el mundo realmente se decida a mejorar (estamos a tiempo).

Ni más, mi gente, que pasen lindo martes (lo que queda) y sigan comiendo cuento los martes aquí en El Cuento de los Martes.

martes, 13 de marzo de 2012

Willie, el malo

Anoche, antes de dormir, me leí una entrevista que le hizo Leonardo Padrón – un periodista y escritor venezolano – al salsero Willie Colón.  Bajo el nombre de “El único deporte que yo aprendí fue a pelear”, todo el cuento se va por ese camino demasiado simple (pero nunca fácil), que ha sido la vida de este personaje de la salsa.
  
En resumen, es un tipo hábil y trabajador, que se ha pegado de artistas geniales para brillar.  Héctor Lavoe fue su tótem de bolsillo y su amuleto de la buena suerte.  Confiesa entre líneas que el puertoriqueño le abrió las puertas del mundo con su personalidad y su genio.  Luego se hizo de Rubén Blades para consolidarse, para entrar en el mundo de la “salsa consciente”, un género que ya no sólo gustaba a los salseros, a la gente “de pueblo” que encontraba en la música un camino hacia la ideología de la calle, sino a los intelectuales y pequeño-burgueses, que encontraban acomodo en el ritmo tropical con reflexiones sencillas, pero profundas.

Casualmente, en esa entrevista se puede entender con un cristal de aumento, que las misteriosas diferencias que separaron a Willie de Rubén se dieron en el ámbito de lo moral.  Porque parece que mientras Rubencito es de los que ponen la cara y aguantan el golpe, como lo explica gráficamente la carátula del long play Metiendo Mano; Willie Colón es de los que están detrás de la jugada, en la estrategia para ganar.

Cuenta el entrevistado que desde los trece años trabaja y mantiene a su familia, que fue hijo de un malandro, que él mismo llevó por apodo “el malo” y que ahora es asesor político de un alcalde.  Sueña, eso sí, con retirarse, pero le teme tremendamente a la pobreza.  Y es tal vez por eso que sigue siendo un poco ese “malo” detrás de quien se esconde para sobrevivir. 

Willie Colón es leyenda viva, es historia de América Latina, es un visionario también, un empresario que aprendió a reconocer el éxito y a meterle el diente.  Yo nunca lo he visto hablar demasiado de lo que hace y cómo lo hace, y eso lo confirma en esta entrevista, en la cual habla del Bronx como su dominio, uno por el que luchó desde pequeño, donde vio que para sobrevivir a la discriminación racial, social y regional era necesario alcanzar pronto la fama y la fortuna.

Padrón termina la entrevista con un par de preguntas tontas (ya nos dijo repetidamente que estaba bajo presión), que su interlocutor ni siquiera contesta, pero deja claro que es un hombre práctico y muy consciente de su lugar en el mundo.  No hace demasiados alardes, pero posa con su trombón dorado y su sonrisa de saber mucho de la vida.





martes, 28 de febrero de 2012

Cuentos chinos

Para los amantes del kindle y demás aparatos electrónicos que emulan libros, una piecita fundamental de la cultura panameña: Anclados en el ayer. Cuentos chinos de Sonia Fledderjohn a bajo costo. Se trata de una colección de historias que se entrelazan, casi como una novela y que narran ese eslabón vital para entender Panamá.

En este libro, la autora aparece como personaje testigo, y va llevando al lector de la mano por esos laberintos por los cuales sin ayuda no se puede penetrar.  Si bien es una historia particular, sobre una familia de origen chino, muchas de sus notas sobre la cultura chino-panameña se convierten en referentes, incluso para entender eso que podríamos llamar "lo panameño".

Su estilo narrativo es accesible a todo público.  No se mete en lenguajes complicados ni mucho menos intelectuales.  Dialoga con su lector, permitiendo a la vez ese aire necesario para procesar algunas tramas aparentemente increíbles.   No se puede negar que tiene un aire garcíamarquiano, si se me permite la licencia, pero sale por sí sola de esta posible etiqueta con esas generalizaciones que dan cuenta de una narradora muy consciente de lo peculiar de su relato.

Fledderjohn y este otro personaje que casi no se ve, la investigadora y recolectora de las historias, su hermana, dan con un secreto bien guardado de Panamá.  Sin embargo lo tratan como algo natural, un hecho consecuencia de conspiraciones inaccesibles que llevaron a miles de asiáticos a fundar en Panamá una cultura que ni es china, ni se le parece.

De hecho, parece un cuento chino, porque tienen tantos enredos y elementos asombrosos, que a una le da por fruncir el ceño en franco escepticismo con la narración, pero si, si uno pregunta entre los mayores, asentirán y acto seguido dirán que si, que los chinos tenían sus costumbres y que los panameños también...

Así que estas memorias, ancladas en el ayer, como reza el título del libro - que también puede conseguirse en librerías panameñas - son toda una revelación para mi generación y para las que siguen, y ¿por qué no? una también para las generaciones anteriores, que nunca terminaron de entender cómo se llenó el país de tiendas chinas y de paisanitos con nombres criollos.

Una vez más, el nefasto personaje histórico de Arnulfo Arias Madrid, aparece como el responsable de tanta mala vida para el país y los suyos.  Dolor de cabeza de chinos, negros e hindúes, este aspirante a nazi se convierte en el motivo para huidas, escondites y disfraces que los chinos también usaron para sobrevivir en pleno siglo XX, cuando la humanidad empezaba a civilizarse ampliamente y Panamá seguía persiguiendo "razas indeseables".

Y aunque no todos los chinos se cambiaron el nombre y no todos siguieron los caminos de la familia aquí descrita, estas historias no pierden valor, sino que alimentan a las que seguramente vendrán en los próximos años, cuando finalmente podamos re-escribir la historia desde el punto de vista panameño.

martes, 31 de enero de 2012

Biruta


    Biruta, cuento de la pluma de la escritora brasileña Lygia Fagundes Telles que narra un instante del día a día de Alonso, un niño que trabaja haciendo quehaceres en una casa de familia  y su perro, el tierno, gracioso y travieso Biruta.
    Es navidad y obviamente todo es diferente, Alonso comerá solo  mientras Leduína, la sirvienta, y sus patronos se van a gozar del día festivo, pero Biruta hoy, como tantas otras veces, ha hecho de las suyas, mordiendo todo lo que encuentra a su paso. Usualmente lo que muerde son prendas de vestir de los patronos o de Leduína, lo que causa el enojo de todos. Alonso se preocupa mucho, pues sabe que Biruta no se ha ganado la voluntad de la gente en casa y regañará al perro para que cambie y  se porte bien, incluso invierte un dinerito en un regalo navideño que quizá mantenga distraído a Biruta, Alonso cree que con ese regalo ya no tendrá que morder las cosas de los otros.
   Van llegando las remembranzas y los golpes del palo de escoba en las manos de Alonso se van haciendo vívidos, doña Zulu las golpea frenéticamente, con el mismo gusto con que peina sus cabellos. Biruta robó el bistec, Alonso otra vez asume la responsabilidad.
    Estamos ante un cuento en el que las situaciones dadas reflejan lo más humano de las personas, sean estas demostraciones de profundo amor y compasión, o por el contrario, de maldad y de engaño.
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Lea Biruta en www.mediocerrado.com

martes, 3 de enero de 2012

Columnas escogidas (de Fernando Contreras Castro)

Fernando Contreras Castro

COLUMNAS ESCOGIDAS

Primero dibuje la columna vertebral de la espalda;
Luego vístala por pasos, con cada uno de sus músculos,
 uno tras otro, y añada los nervios, las arterias
y las venas a cada músculo. Además, marque las vértebras
a las que están unidos, qué intestino entra en contacto
con ellos, qué huesos y otros órganos, etc.
Leonardo Da Vinci.
Cuadernos.
Parte segunda.
VI. Anatomía.


Prólogo del Autor

La presente es una selección de columnas en torno a variadas temáticas de la vida cotidiana.

Se ofrece a los lectores un compendio de diferentes argumentos por considerarse cuando sea oportuno, razón por la cual dichas columnas no aparecen en diarios ni revistas, pues resulta del todo imprevisible el momento de su máximo provecho y utilidad.

Si algún lector encuentra que ha llegado el momento de publicar alguna de las columnas, deberá hacerlo bajo su cuenta y riesgo en el medio público de su elección, asumiendo así la responsabilidad por los contenidos, dado el caso de que resultasen lesivos u ofensivos para la sensibilidad de otro.

Comprendido o anterior, el autor de estas líneas queda absuelto a priori de toda culpa y responsabilidad por los daños que pudiera causar esta lectura a terceros.
F.C.C.


Argumentos a favor de
ofrecer al público el
“Programa Borges”

1

Ya no sabremos si al bibliotecario ciego esto le hubiera parecido una maravilla o una aberración. Es claro, eso sí, que el IB. hubiera cambiado la historia de la lectura. (El libro incorporado, o interiorizado, es la técnica y la tecnología de transmitir al cerebro humano el contenido puro y puntual de un texto literario).

Sin prescindir del lenguaje escrito, entre otras cosas por no sacrificar el estilo personal de los escritores, y sin uso de sonido alguno, ni de imágenes predefinidas, porque no hubiera habido en ello mayor diferencia con el cine, el  IB. (inner book) pudo haber sido el punto de encuentro absoluto y definitivo entre el cine y la literatura, y al mismo tiempo, el aniquilamiento de ambos.

Es del criterio de este columnista que el Programa Borges, incluidos los experimentos, y los expedientes de los sujetos experimentales, deben ser desclasificados, para ponerlo al alcance de quien pudiera desarrollarlo como un bien cultural sin fines de lucro.

El programa debe ser publicado en revistas científicas, y en periódicos, sin censura. Debe ser sencillamente expuesto a la opinión pública.

El bibliotecario ciego hubiera apoyado el programa, seguramente. Hubiera bendecido el programa.

El conocimiento del cerebro humano quizás no se complete nunca. La estimulación de ciertas áreas revela ciertas cosas que no pueden darse por sentadas por no poderse asegurar que se repitan idénticas de un individuo a otro, aunque así parezca en las generalidades, aunque lesiones similares, por ejemplo, produzcan reacciones similares, y los mismos fármacos generen respuestas muy parecidas entre personas muy distintas. Tal vez haya denominadores comunes a un nivel  estructural físico, pero al de la conciencia y la subjetividad, ya se sabe, no hay dos que reaccionen de igual manera.

El ciego de Ginebra, “el ciego integral”, como lo llamó Cortázar en alguna ocasión, habría planteado, sin imaginarlo, los cimientos teóricos del programa con su solo enunciado de que “los libros se escriben los unos desde los otros”, y habría revelado con esa misma sentencia, sus infinitas posibilidades.

Cortázar por su parte, con su obsesión por ganarse la complicidad del lector, hubiera seguramente encontrado fascinantes las impredecibles puertas que prometía abrir el IB.

Al ser el IB. un programa capaz de transmitir la secuencia de imágenes que son las letras, palabras, oraciones y párrafos de un texto literario, sin mediación de imágenes de ninguna otra naturaleza, al cerebro de una persona, hubiera significado para los ciegos, por ejemplo, la posibilidad de “leer” como si pudieran ver, y a los videntes, la de leer como si fueran ciegos, porque aún siguiendo los mismos principios y mecanismos ópticos de la lectura, ésta se hubiera realizado a ojos cerrados: no hubo uno entre los sujetos experimentales que pudiera mantener los ojos abiertos una vez comenzada la transmisión, como si los párpados decidieran cerrarse por ellos mismos, ajenos a la voluntad del “lector”; porque con las primeras secuencias de letras les sobrevenía una suerte de “estado alterado de conciencia”, de semi sueño, o ensueño, al mismo tiempo que se registraban inusuales actividades en sus cerebros, y vasos conectores imprevistos entraban en acción; zonas, en principio bien cartografiadas y conocidas, se comportaban de manera “anómala”, en el criterio de los neurólogos y demás especialistas del equipo.

Sujetos experimentales de múltiples y muy bien diferenciadas procedencias, fueron sometidos al Programa Borges por diferentes períodos, y en distintos estados físicos y condiciones emocionales, es decir: a la estimulación del nervio óptico por fototransmisión fría de alta velocidad de datos reconocibles por los sujetos como caracteres alfabéticos de su pleno dominio, cuyo ordenamiento y secuencia fija equivalía a algún un texto de la llamada “literatura universal”.


Argumentos a favor de
ofrecer al público el
“Programa Borges”

2

En su prólogo a la primera edición en castellano de “Las Enseñanzas de Don Juan”, de Carlos Castaneda, Octavio Paz señala que “La verdadera defensa de la obra consiste en irritar y seducir la atención del lector con un texto que pueda leerse de muchas maneras”. (15 de septiembre de 1973).

Para la época en la que Paz escribía esas acertadas palabras, era impensable, inimaginable un programa capaz de transmitir al cerebro humano la experiencia de la lectura lineal, como lo logró el Programa Borges.

Refiriéndose al “Finnegans Wake”, Paz agrega que “cada frase y cada palabra es un haz de sentidos, un puñado de semillas semánticas que Joyce siembra en nuestras orejas  la esperanza de que germinen en nuestra cabeza”.

Joyce tampoco hubiera imaginado que sus búsquedas literarias pudieran llevarse a las últimas consecuencias con ayuda de un ordenador y un par de dispositivos de transmisión.

Milorad Pavic, fue quizás el único que  vivió lo suficiente como para ver realizado su desmesurado sueño de la obra con infinitos finales posibles. El rumor de que se contó entre los sujetos experimentales no se ha comprobado hasta la fecha. Pero se dice que se sometió al experimento con la condición de le fuera transmitida una obra suya. También ignoramos cuál, aunque se ha dicho siempre que se trató de su poderoso “Diccionario Jázaro”.

El Programa Borges, finalmente, es la materialización de una fantasía perversa de escritores, neurólogos, oftalmólogos, psicolingüístas e informáticos, brutalmente censurada por diferentes instancias del gobierno, como se sabe, presionadas por los defensores de los intereses de importantes casas editoriales y productoras cinematográficas, ante la amenaza que creyeron atisbar, no sin razón, en el hecho de que por fin y sin lugar a dudas, este programa haría del lector el autor definitivo y soberano de la obra que leía.



Argumentos a favor de
ofrecer al público el
“Programa Borges”

3

Semejante al efecto narcótico de los psicotrópicos, el Programa Borges sumía en una suerte de ensueño a los sujetos experimentales, como quedó dicho, una vez iniciada la sesión en la que les era transmitido un texto literario.

La controversia inició en el momento en que el equipo se declaró incapaz de contener y dirigir la atención del lector al contenido puntual del texto.

Fuentes extraoficiales revelaron que fue eso lo que llamó inmediatamente la atención de Pavic (previamente informado y consultado acerca del Proyecto), y su interés por someterse a la experiencia. Se dice que el autor serbio, después de una sonora carcajada, declaró: “siempre hemos sabido que no existe tal cosa llamada contenido puntual de un texto”.

Se sabe que no hubo dos sujetos experimentales que narraran una experiencia ni siquiera similar después de habérseles transmitido simultáneamente un mismo texto, en idénticas condiciones, a la misma velocidad.

Puesto en los términos de Paz, se demostró que cada palabra, cada letra, seguramente, era un haz de sentidos que se disparaba por la vida entera de cada lector; que cada oración, quizás, era una alfombra voladora que usaba a su antojo para llegar a imprevisibles lugares de su imaginación. En última instancia, se demostró que el texto, sin importar cuál, era apenas la ínfima chispa matriz de un incendio forestal, que de ahí de donde muchos sujetos experimentales se habían acostado para que les fuera transmitido, por ejemplo: “Como todos los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo… ”, o bien: “No es que Kublai Kan crea en todo lo que dice Marco Polo cuando le narra las ciudades que ha visitado en sus embajadas…”, ninguno de ellos se levantó para decir que había leído a Borges o a Calvino, sino que, sin excepción, cada uno narró una historia-vivencia radicalmente distinta tanto del texto de partida, como de las de sus compañeros. Y sin excepción, cada uno mostraba un estado anímico igualmente particular.



Argumentos a favor de
ofrecer al público el
“Programa Borges”

4

De “insondable”, fue clasificada la combinatoria, y con ello en realidad se aludía a la similitud entre la experiencia producida por los psiquedélicos en la bioquímica de la conciencia, y la producida por el IB.

Se dijo que el sujeto sometido a una sesión con el “inner book” vivía no la experiencia de la lectura, sino la de los estados alterados de conciencia, que si bien podrían tener ciertas virtudes terapéuticas en casos extremos de enfermedad mental, su libre circulación en la sociedad y la cultura podría equivaler a la legalización de las drogas psicoactivas, argumento que acabó de convencer a los jueces de dar por terminados los experimentos y por cerrado el caso del Programa Borges por ser perjudicial a la salud pública.

A nuestro entender, el argumento de la salud pública resulta débil, cuando no ridículo, empezando por el hecho de que la experiencia del IB. sólo puede ser íntima e individual, imposible de socializar, a lo que se suma la corta duración de esta, no más de tres minutos cuando se trata de las obras más extensas de la literatura universal, con la ventaja de que su uso no deja huellas ni consecuencias físicas en las personas, las cuales están, en principio,  inmediatamente después de la experiencia, en condiciones de reanudar su vida cotidiana.

Creemos “leer” en la sentencia una suspicacia diferente: el IB. resulta amenazante no porque funcione como una droga, sino porque surtió un resultado inverso al esperado, entiéndase, en vez de producir en el sujeto la experiencia de la lectura pasiva (si tal cosa existe), produjo la del creador activo.

“Podemos dominar a millones de lectores, pero no así a millones de creadores”, podría formularse así la gran conclusión de La Corte Suprema de Justicia.

El IB. fue concebido como un instrumento al servicio de la educación. Se llegó a pensar que facilitaría el aprendizaje de lenguas extranjeras y de las matemáticas, por ejemplo, pero al ser probado con la literatura, reveló que la experiencia de la imaginación sin límites ni inhibidores producía en la persona una experiencia de libertad que sí podía tener repercusiones sociales, como la “desadaptación”.

Se dijo que un “viaje de IB”, como se le llamó finalmente a la experiencia, era equivalente a la del sueño que, en términos psicoanalíticos, trascendía las barreras de la represión, pero con el agravante de que la persona lo recordaba minuciosamente al terminar; cosa que los especialistas calificaron de extremadamente riesgosa para la integridad psíquica de los usuarios.

Terminamos esta columna declarando que discrepamos de las razones de los especialistas tanto como de la sentencia de La Corte, y sugerimos a los lectores que mediten en torno a las siguientes observaciones, una por punto cardinal.

1)    El viaje de IB. sólo potencia lo que ya de por sí produce la experiencia artística, no solo de la lectura.

2)   La exploración interior que permite el viaje de IB. es profundamente reveladora de contenidos importantes para la relación del sujeto consigo mismo y con su entorno social.

3)   La libertad que experimenta la persona posteriormente al viaje de IB. podría llevarla a entrar en conflicto con los valores defendidos y promulgados por los diferentes sistemas políticos y religiosos en el mundo, con consecuencias impredecibles.

4)   La democratización del uso del IB. podría promover cambios en las estructuras sociales a favor del individuo.

martes, 27 de diciembre de 2011

La Víbora

La Víbora cuenta la historia de Olga Viacheslávovna. Fue escrita por Alexéi Nikoláievich Tolstoi en el periodo de la post-guerra civil rusa. La trama no sigue una continuidad lineal de tiempo, pero eso no puede saberse hasta avanzada la lectura, elemento que ayuda a que párrafo tras párrafo uno se vaya sintiendo como un observador más de por lo menos tres épocas históricas de Rusia que son cortas pero bien marcadas. Por ello, además de ser un cuento en el que se van sintiendo las emociones humanas más naturales y por momentos extremas, también se puede aprender bastante de la historia contemporánea de aquella sociedad tan misteriosa para nosotros.
Alexéi Nikoláievich Tolstoi va creando a lo largo del relato imágenes con sus palabras, es por eso que digo que uno se siente como un observador de lo que acontece antes de la guerra, en medio de la artillería con el frio de Siberia quemando la piel o en la industrialización con sus metales. Como si fuera poco Tolstoi también crea emociones y es entonces que de observadores pasamos a ser protagonistas, nos convertimos en Olga Viacheslávovna, con sus ilusiones de colegiala, con los sufrimientos del presidio, se va sintiendo la impotencia en medio de las tragedias, el amor en la guerra, el desconcierto y la desorientación al vagar por una Rusia desecha a fuerza de cañón, se sienten los odios en las miradas de los transeúntes que miran con ojos de vasos capilares reventados, hasta sentir la monotonía paralizante al escuchar el sonido uniforme del teclear de las máquinas de escribir de los despachos burocráticos oscuros y hediondos a cigarros de baja calidad.
La narrativa magistral de Tolstoi, así como la de otros grandes narradores de la Rusia ese tiempo está casi desprovista de colores vivos y hasta lo cómico suele estar pintado con tonos grises, por eso hay que hacer la advertencia a quien esté esperando un final feliz, de que definitivamente no lo encontrará aquí, muy por el contrario, quien se atreva a leer este cuento deberá arriesgarse a caminar por soviéticas sendas sombrías, saber que en cualquier momento sobrevendrá el ataque de la víbora y luego tratar seguir andando bajo los efectos del veneno sin perderse.
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martes, 6 de diciembre de 2011

SE BUSCA


Estoy buscando e s e cuento que no he leído, el descubrimiento que alguien hizo y que me puede contar.  Pero no basta con las recomendaciones, que te leas esto, que mires por acá, que tal autor, que no sé que… quiero el por qué, que me lo cuentes…

SI TIENES MIS DATOS, PONTE EN CONTACTO CONMIGO POR CORREO, SINO ME AVISAS Y CUADRAMOS PARA QUE COMENTES AQUÍ EN EL CUENTO DE LOS MARTES… sólo los martes!

martes, 29 de noviembre de 2011

No eres tú, soy yo…


Ya sé que es un lugar común, pero no es literatura de lo que estamos hablando. Pasa en la calle, en las bancas de las plazas, en las cafeterías iluminadas y también en los umbrales de las puertas que una vez nos recibieron con alegría.  Es un cuento que más vale creer, para resistirse dignamente a la realidad.

Si, posiblemente cuando te lo digan, se te empiece a henchir el pecho, con una sensación de grandeza, porque pobrecita la persona que te lo confiesa apesadumbrada, que tiene un problema existencial a resolverse con terapia extrema, pero mientras tú fantaseas con que serás la primera persona que llame cuando se le pase, ya va doblando la esquina en compañía de su verdadero motivo.

Haces bien, quienes ya no creemos en esa historia, la escuchamos con una sonrisa fingida, diciendo para adentro “qué suerte la mía, de tanta tontería que se le pudo ocurrir, viene y me suelta este guión de bajo presupuesto”.  En todo caso, igual es mejor despedirse con ese abrazo de actuación magistral, con ese corte de “cómo te quiero, pero esto está más allá de mi alcance”, y dependiendo del presupuesto, mandarse al Himalaya, a los Alpes Suizos, al Amazonas o en el peor de los escenarios financieros, proponerte al fin leer todos esos libros a los que no les has quitado ni el plástico por andar, según tú, cuidando tu relación.

Pero hazlo, porque si te animas a encontrarte con amistades que tenías abandonadas, a frecuentar lugares por la nostalgia y a buscarle deliberadamente en donde crees que va a estar para que al verte se cure milagrosamente, es probable que te encuentres el cuadro aleccionador de esa persona y su verdadero motivo, compartiendo el postre con una sola cucharita.

Vaya…entonces, ya sabes, la próxima vez que alguien te diga “No eres tú, soy yo…” mejor créele, crécete y piérdete del mapa.  Cuando te toque decirlo, sabrás exactamente de qué estoy hablando.

Buen martes!