martes, 21 de junio de 2016

Kundera para reírse

Estoy por la primera parte de El libro de los Amores Ridículos de Milán Kundera, un escritor nacido en la Checoslovaquia de 1929 y cuya obra está muy permeada por la situación política de su país, de donde sale a mediados de los 70 casi tan asfixiado económica y socialmente como el protagonista de su obra más famosa: La insoportable levedad del ser.

Esta primera historia, llamada “Nadie se va a reír” es un cuento perverso, dónde el personaje principal – un profesor asistente de Historia de la pintura, que aspira una cátedra en la Universidad – se ve envuelto en una serie de situaciones incómodas, como consecuencia de dos acciones que nunca pensó fueran a volverse un problema.  La primera, una crítica de arte publicada en una revista científica; y la otra, su manifiesto desinterés por hacer un informe sobre un estudio escrito por el señor Zaturecky, que a nadie le interesaba.  La revista “Pensamiento Artísitico” le había derivado la responsabilidad de rechazar el trabajo; y él, un crítico de arte bastante ajeno a las complacencias egocéntricas que suelen darse en los ámbitos artísticos en los cuales se elogian  entre sí (o al menos no hablan mal del trabajo del otro), como un pacto de caballeros, trató el asunto con desdén, pensando que para el autor la cosa quedaría en el olvido.

Esta es la apuesta de la literatura, que a pesar del paso del tiempo y de la aparente diferencia entre circunstancias históricas, las situaciones son vigentes y son escritas con posibilidad de ser comprendidas más allá del intelecto.  Milán Kundera sigue hablando sobre su dificultad como escritor en la Checoslovaquia de los años 70, cuando la censura se ejercía no sólo en la prohibición de circular ciertos textos, sino en la censura social con actitud pasivo-agresiva, en la que hasta la Junta de Vecinos se incomoda al ver que el profesor se daba el lujo de no atender la necesidad de un “camarada” de publicar un artículo mal hecho, con el sólo propósito de “ser reconocido como científico” ante la sociedad. 

Unas cuatro o cinco palabras nos hablan de la situación de represión intelectual que vivía el autor, del poder institucional que reinaba en la mediocridad y de la mojigatería que acuerpaba estos falsos baluartes de la intelectualidad y el arte.  Y sin embargo, todo el cuento es para reírse, para reírse de lo increíblemente absurdo que puede ser insinuarle al crítico el daño que le hace al Status quo y por reclarmarle la humillación que recibe un plagiador por un trabajo lleno de incongruencias, lo ridículo que puede ser juzgar la vida privada de una persona en un Comité de Vecinos y lo incómodo que resulta discutir la redacción de un estudio científico con una persona que no sabe leer.

Milán Kunderas dice que fue uno de los trabajos que más disfrutó porque estaba en la época más feliz de su vida, pero no por el tono de estos escritos dejó de ser crítico con el sistema. Tampoco deja de ser afilado para señalar a la sociedad hipócrita y para que sus personajes digan las verdades que a él la época no le permitió.

La historia - como dije - es vigente. No se logra salir ileso del trabajo del crítico de arte.  Los pequeños mundos del arte creen que sus trabajos no son criticables, que una vez salidos de sus manos representan a la humanidad y están dispuestos a vengarse en la esfera social.   El crítico que no da concesiones a las "figuras importantes" pasa a ser un indeseable, un paria que se va quedando sólo con su amargura y que seguramente es criticable desde la construcción social, porque su vida íntima suele ser el único elemento para combatirlo.  Los centros de enseñanza privilegian la mediocridad, se basan en una meritocrácia que ni siquiera alcanza para sustentar sus decisiones.  Se pierden buenos profesores que no están dispuestos a negociar el aprendizaje de sus estudiantes por acumular seminarios y diplomas vacíos.  Todavía vale más la presión social, que el amor y el deseo de felicidad y lo último en lo que se interesa la sociedad es en la verdad.

Lo bueno es que leyendo El Libro de los Amores Ridículos, podemos reírnos.


martes, 26 de enero de 2016

El retorno

Tendría que comenzar por pedirle, que si no ha leído el libro de cuentos Putas Asesinas de Roberto Bolaños, comience por leer El retorno y creo que lo puede hacer en esta dirección de internet: https://estoespurocuento.wordpress.com/2013/09/10/roberto-bolano-el-retorno-cuento/

Los otros cuentos que he leído de esta colección me parecen refritos de Los detectives salvajes, y - de hecho - en uno de los cuentos narra el encuentro de Arturo Belano con un libro de poesía francesa en África.  Encontrarme con eso me dio como náuseas.  Era como revivir los días de lectura que terminé por disciplina, más que por la curiosidad de encontrar a Cesárea Tinajero.  El primer cuento ya me lo avisaba, pero los giros me gustaron.  Yo no sé, es como si Bolaños hubiese escrito entre estados de lucidez y desorientación.  Supongo que alguna gente se sentirá identificada...

Claro, en la literatura hay una comunicación que pasa también por identificarse con una historia.  Hay  distintas maneras de identificarse, por supuesto.  Desde haber pasado por una historia similar, hasta encontrar un parecido en la forma de ver la vida de un personaje, como también la repulsión o el morbo.

Leyendo el cuento "El retorno", me gustó desde la primera línea, cuando dice "Tengo una buena y una mala noticia. La buena es que existe vida (o algo parecido) después de la vida. La mala es que Jean-Claude Villeneuve es necrófilo, porque desde el principio te cuenta la historia y luego te va desarrollando, pero luego me ocurre otra cosa como lectora.  En la mitad de la historia describe los sucesos de un acto de necrofilia, que después se va tornando en un acercamiento distinto al personaje que se supone debemos detestar.

¿Qué hace una con un personaje que le teme a la gente?  ¿Cómo lo juzga? La razón parece no entrar en juego cuando entendemos que Villeneuve no está simplemente abusando de cadáveres, sino que les trata como si les amara, como si su efímera presencia fuese una eterna despedida de un encuentro que duró muy poco.

Hace tiempo había pensado en una imagen parecida, cuando escribí un cuento llamado La viuda. Allí Rubiela, una mujer que colecciona fotografías de personas que aparecen muertas en los tabloides, se enamora de Abel cuando conoce de su trágica muerte en una confusión.  Narrar el momento en el que Rubiela se queda sola con Abel en la morgue, a parte de darme algunos problemas logísticos, hizo que me preguntara qué es lo que amamos de esa otra persona.  No estoy segura si se trata de su historia, de la imagen que nos hacemos, o de la posibilidad de acercarnos.  No sé si vemos la realidad o el reflejo según la luz que ponemos.  ¿Qué representa un cuerpo que dentro de poco se va a descomponer, pero que podemos tener ahí a nuestro alcance gracias a la quietud de la muerte? ¿Puede ser amado alguien sin vida?

En "El retorno", el autor plantea otra cosa desde el punto de vista del fallecido, pero el hecho de explorar la condición humana, de tantear las posibilidades dentro de la complejidad de la mente supone un ejercicio de desprendimiento del pudor, de tocar al personaje hasta donde se pueda para crear una historia.  Cuando leí este y pensé en el cuento que yo había escrito, no estuve segura si fui demasiado sutil o si hubiera querido que mi personaje enamorada tuviera un contacto sexual explícito con el difunto desconocido.  Tampoco se prestaba para eso por el desarrollo, pero de pronto si Rubiela lo hubiera podido embalsamar y llevarlo a casa...




martes, 5 de enero de 2016

Historias que son historia

En Córdoba, Argentina, la memoria es vital para fortalecer aquello que fue herido. Muchas desapariciones en los años 70 son registradas en un espacio donde fueron torturadas personas de toda clase, consideradas sospechosas para el gobierno de turno.  Aquí presento algunas imágenes del Archivo de la Memoria, al cual no pude entrar por los horarios.

Sin embargo, parada al frente de esa puerta, en esa calle junto a la Catedral experimenté eso de no tener información, de mirar por las rendijas, de saber y no saber, y - por supuesto - de preguntarme ¿Por qué tanto odio?

Museo Archivos de la memoria

Vista hacia el interior del edificio usando un orificio en la puerta.

Desde una rendija de la puerta

Stencil en memoria de los secuestros
que se dieron desde el año 69 en Córdoba

Vista desde una ventana abierta en la actualidad.

Stencil sobre el piso de la entrada

Nombres de los desaparecidos y gente que fue torturada en ese lugar.

Estas leyendas las encuentra en muchas vías públicas
donde se dieron los hechos y esta en particular explicando
que el museo fue alguna vez un lugar de tortura y desapariciones.


Dos cositas:  Quiero agradecer a Mónica Sonsogni por explicarme y por llevarme al centro de Córdoba a conocer algo de historia de Argentina y decirles que estas son fotografías originales y que si las van a usar para otra cosa, que no sea con fines comerciales.



martes, 22 de diciembre de 2015

El hipócrita sincero


Este es un cuento de José de Jesús Martínez, que se llama “El hipócrita sincero” y pertenece a la colección Cuentos para rodar.


“Una vez había un hipócrita que usaba siempre una máscara.  Un día quiso ser sincero.  Se quitó la máscara y fue a verse el rostro en un espejo.  Era igual que el de la máscara.”


De esas cosas que pasan, tenía fuera de los anaqueles una Revista Lotería de 1998 para mostrársela al artista salvadoreño Renacho Melgar, quien está de visita en Panamá.  Justo ayer me ocurrió que - por casualidad - escuché parte de una conversación en la que una persona, siempre muy amable con sus colegas artistas, hacía una descarga no muy alegre de estos personajes “inflados más allá de lo que son” y se burlaba muy intelectualmente de sus obras.  Nunca – eso si – se lo he escuchado de frente.  Sus razones tendrá, pero anoche me preguntaba por qué me había tocado a mi escuchar lo que esta persona tal vez no diría más allá de su círculo estrecho.  

Hoy, que la revista dedicada a Chuchú Martínez me saludaba con su portada provocadora, abrí el ejemplar justo en la página del cuento que hoy les comparto.  

Entonces, la literatura otra vez dio las respuestas exactas a mis inquietudes humanas y me recordó - que aparte del disfrute - también tiene otros tesoros.



martes, 8 de diciembre de 2015

Stand up comedy, contando la Navidad...o la anti-navidad.

Winnie Sittón, presenta por segunda vez su Stand Up Show "Ron Ponche de la ras"con el que - detrás de las risas - propone identificar todos aquellos absurdos que se dan para estas fechas cada año.

Roberto Quintero, el periodista dentro del cual vive Winnie, trabaja actualmente como freelancer en varios proyectos creativos, pero su pasión es el teatro, y eso lo hemos visto a lo largo de los años con obras como ¿Intimamos?,  A por ellos,  EnantitoVamos a darnos con todo amor, que el fin del mundo está cerca, y la última de ellas, que fue El Ahogado, un proyecto que nace de su admiración por la novela El Ahogado del escritor panameño Tristán Solarte.

En el 2010 ganó el premio nacional de literatura Ricardo Miró con su obra de teatro A por ellos y logró presentarla por espacio de un mes, algo muy difícil de lograr con el Instituto Nacional de Cultura.

Hace unos meses presentó el Stand Up "Bacanal", cuya primera parte disfrutamos y la segunda sufrimos, porque el hombre decidió cantar aquellas canciones melancólicas de los ochenta y noventa. Pero lo perdonamos, porque en suma nos recordó que el amor también es chistoso y que lo que en un momento vemos como una tragedia, después lo recordamos con la dulzura de un momento lejano y superado.

Entonces, este 18 y 19 de Diciembre en el estudio multiuso del GECU, en la Ciudad de Panamá Ron Ponche de la ras. Para ver un adelanto, disfruten el siguiente video.









martes, 10 de noviembre de 2015

Yo no como cuento

A veces tememos a la mentira que pueda evidenciar nuestra ingenuidad, preferimos dudar, sentirnos bajo control de todas las situaciones, advertir que no pueden engañarnos, como para ahuyentar el peligro.

Pero se engaña a un país entero, se distrae al mundo y se finge ante expertos, que no parecen notar las mentiras más grandes de la historia.

Las imitaciones se venden, las réplicas se compran, las ilusiones se creen y se esconden historias debajo de la moral más proba. El mundo sigue girando a pesar de este miedo obsesivo por la mentira y por la verdad.

Los cuentos se tragan, se comen, se cocinan y se administran en distintas cantidades.  Hay mentiras que hacen felices a millones y falsedades que provocan indignación, pero al cabo de un tiempo se diluyen en la vorágine de acontecimientos.

El cuento no hace daño en su naturaleza original, pero si que es usado para fines de todo tipo, muy distintos a entretener, a ejemplificar, a contar de algo que ocurrió.   Mentir es mentir, contar es contar; tratemos de no confundir los conceptos, para que la palabra cuento no pierda su gracia.

martes, 13 de octubre de 2015

Fotografía artística, una manera de contar.

Circula por la gran red una colección de fotografías artísticas de Julia Fullerton Batten  . Han despertado la curiosidad de mucha gente, que comenta sobre las historias que cuentan.
fotógrafa Julia Fullerton Batten
http://juliafullerton-batten.com

Se trata de niñas y niños abandonados, cuyas vidas han sido decididamente anormales.  En algunos casos han sufrido horrores al haber sido abusados, encerrados y castigados por sus progenitores; pero en otros, una suerte extraña les llevó a perderse en la selva, convirtiéndose en uno más de la manada y hasta de la bandada.  “The Feral Children” (Aquí una versión del Panda aburrido: http://www.boredpanda.es/fotografias-ninos-salvajes-reales-fullerton-batten/ ) es el relato fotográfico de estos casos, recreados por la artista y encarnados por modelos maquillados y que posan para mostrar al mundo una imagen extraña.

Pero esta no es la única muestra de la fotógrafa alemana.  Mirando su sitio web se pueden ver otras colecciones, cuyo tema central parece ser la niñez y la adolescencia conflictiva.  Parece querer contar al mundo que la que llamamos etapa feliz no lo es para muchísimas personas que pasan malos ratos; ya sea por la maldad de sus cuidadores, o bien por sus propios conflictos internos.

Ver una fotografía de Fullerton Batten es observar una historia detendida en un detalle.  En realidad, cientos de detalles van narrando a seres humanos en condiciones específicas.  Se pueden notar – sobre todo – las miradas, las posturas, los atuendos y hasta la atmósfera que les rodea.


Ese dicho que citan…una imagen vale más que mil palabras no es exacto.  Cada expresión tiene su valor.  Las imágenes nunca reemplazarán a las palabras, aunque podamos o pretendamos decodificar su escencia.  Pero en esta era de lo audiovisual, la fotografía es un código compartido y todo el arte que acompaña con vestuario, escenografía, peinados, maquillaje y actuación se convierten en un cuento bien narrado para nuestras miradas... entrenadas.

martes, 1 de septiembre de 2015

Míster Taylor

Hemos estado con muchos asuntos que nos distraen, pero siempre nos llega un cuento que nos pone a pensar.  El de este martes nos lo recordó el poeta guatemalteco Javier Payeras, quien - en alusión al tema de la violencia en Centroamérica - nos explicaba cómo funciona esa relación medio perversa entre quien compra el mensaje de violencia y quien lo produce para satisfacer esa aparente necesidad de información.

En el cuento de Augusto Monterroso, Míster Taylor (pinche el nombre para leer el cuento) encuentra en su andar por la región amazónica a unos aborígenes que le ofrecen esta cabecita reducida, la cual termina enviando a su tío en Estados Unidos como obsequio.

Hay que leer el cuento para experimentar el absurdo poco a poco y para reconocer cómo - al igual que sucede hoy en nuestros países latinoamericanos y en las regiones del Medio Oriente - nos vamos creyendo el cuento de que nuestro producto estrella es la maldad, la violencia, la miseria y la necesidad.

En realidad - como dije el otro día en un taller de Tratamiento de la Violencia en los Medios - en Europa y en Estados Unidos se consume mucho la idea de que acá somos unos salvajes y en el fondo
imagen de Internet

es bueno tener ubicado ese salvajismo para sentirse seguros, porque ni por su madre reconocen que cuando se dan esas masacres de alto rating, tiene que ver con los mismos problemas nuestros.  El tipo que mata mucha gente en USA es un enfermo mental aislado, pero si lo hace en Panamá "los índices de violencia se están disparando" y "no sabemos qué hacer con la criminalidad", "hay que subir las penas a los menores delincuentes" y etc.

Mejor dicho, estamos vendiendo cabecitas reducidas al por mayor y hacemos lo que sea por incrementar la producción para satisfacer la demanda de un producto macabro.  Pero un buen día, cuando entendamos el juego en el que estamos metidos, que ese mercado no se satisface hasta que le llegue la última cabecita reducida, la del último sobreviviente de ese mundo violento que hemos armado como un show, al igual que hizo Míster Taylor, nos arrepentiremos con esa impotencia que dice "Perdón, perdón, no lo vuelvo a hacer".

martes, 26 de mayo de 2015

Un poder que no es cuento


A veces a las mujeres se nos olvida el poder que tenemos cuando trabajamos juntas, cuando creamos y resolvemos juntas en lo cotidiano, en las redes, en los ámbitos políticos públicos y en la espiritualidad.  Es como si reaccionáramos constantemente a ese boicot que nos preparan quienes nos prefieren solas, aisladas, reñidas unas con las otras, usando nuestro poder contra nosotras mismas.  Una de las formas de maltrato más duras y crueles que yo veo, es – por ejemplo – la depresión auto-infringida, el castigo que una misma puede darse por no responder al rol que nos da otro (una esposa buena, una madre abnegada, una asistente confiable, o la peor de todas: una mujer que se da a respetar).

Cada día debemos levantarnos a justificar, a demostrar y a cumplir con roles que sirven para propósitos mezquinos.  Verse al final de la jornada con la única satisfacción de que se hizo una comida que alcanzó para todos, que el vestido que compramos fue económico y que no se nos ve más cuerpo de lo debido, que nos hemos sacrificado una vez más por un hijo que ni cuenta se dio, parece ser lo que se nos aplaude desde una especie de palco donde se nos observa con superioridad y en donde siempre se sabe qué es lo mejor.

En tanto, muchas mujeres abnegadas y buenas esposas creen que el destino ha sido cruel con ellas, porque su pareja prefiere a una “cualquiera” muy distinta a ella para vivir su sexualidad.  Es basura, un pensamiento que – como cualquier producto de una sociedad que ha demostrado no funcionar para ser feliz – logra disminuir el poder de esa mujer, a quien – si se deja – también se la golpea, con insinuaciones, con gritos, con control económico y por último, con golpes.

Pero no quería hablar de la violencia doméstica ejercida por un hombre contra una mujer, porque es un problema social que ha sido cómodamente colocado en la ignorancia o psicosis del agresor.  Eso es como tener un conejillo de indias de turno.  Cada día podemos volcar nuestra indignación contra el rostro del noticiero, el que mató, el que agredió.  Por eso nunca encontramos al autor intelectual: al Estado.

Yo quería referirme al desaprovechamiento del poder que hoy se traduce en mujeres boicoteando a mujeres, a aquellas que encuentran una excusa en cualquier fallo humano para señalar a la otra, para culparla, para llevar al sacrificio a la mujer de turno, al reflejo del fracaso personal donde se deposita el odio.  Craso error, lo que hacemos es darle carbón al proceso por el cual se nos anula.  No digo aquí que como personas no tengamos diferencias, pero cuando preferimos ventilarlas públicamente, a espaldas de esa otra hermana, cuando la desacreditamos para evadir resolver un conflicto personal que pudo haberse trabajado con afecto y sinceridad, con paciencia y respeto; estamos hundiendo esa posibilidad creadora conjunta, esa maravilla que son un par de mujeres en cooperación.

Yo lo he vivido varias veces, y una de ellas ha sido el Festival Internacional de Poesía Ars Amandi, en donde – además – trabajamos con hombres que no han temido al poder de la mujer.  Quienes si lo han hecho, se han retirado a soportar desde la distancia, pero quienes reconocen ese poder creador lo reciben alegremente, lo celebran y lo usan a su favor.  Sólo grandes cosas han salido de mi relación de amistad y de trabajo respetuosa con otras mujeres, tanto en las luchas sociales (en las que yo no he sido más que un apoyo algunas veces), como en las artísticas y las domésticas.  Pienso en mi experiencia con Teatro Carilimpia y se ve con claridad lo que aspiro decir; lo mismo ocurre con Pelo Malo Ediciones y me ha pasado en la Universidad, en el barrio y en la escuela de mi hijo, entre otras muchas.  No todas las colaboraciones han salido bien, y es precisamente por esas experiencias que entiendo la dificultad que planteo.

Hoy veo a dos mujeres de la política que sirven de alimento para los voraces comentarios de personas que probablemente no son mejores que ellas, que están gozando que ambas “desnuden” a la otra con “verdades” que en realidad no les interesan.  Lo que les importa es demostrar que las mujeres no deben estar ahí, que nunca debimos tener una mujer presidente, que cada ministra demasiado “bocona” sólo hizo daño a la imagen del país, que lo importante ocurre entre portadores de corbatas.

¿Saben qué pasa con cada comentario?  Que hay una mujer comprobando que no se puede, que no es suficiente, que vive bajo amenaza de ser expuesta públicamente.  No sé si recuerdan a la vice-ministra de un país vecino cuyo video privado fue ventilado en las redes sociales.  Eso es un recordatorio para las mujeres: no se atrevan.  Lo más triste es que las voceras de este recordatorio son otras mujeres. Se dan a la tarea de jugar a juez, de hablar de malos ejemplos, de ridiculizar lo atrevido, lo vivo, lo lúdico, la magia que nos da poder, la sexualidad y la multi-hormonalidad que nos hace fantásticas, distintas, diversas, que nos da más de una posibilidad, el clítoris que puede jugar solo, que ni siquiera una mano necesita para enviar la potencia de su ser al universo.


La mujer más cercana en este momento es un ser capaz de hacer milagros, si; de hacerte creer en El Misterio, en el Cosmos, en la Divinidad con sólo existir.  La mujer más lejana en la que puedas pensar es capaz de conectarse contigo en un código que ni podrías nombrar y de darte la fuerza que necesitas.  Hazme un favor, sonríe y da las gracias, perdona al menos a una – por cabrona que te parezca – y ponte a su disposición para poner este mundo en orden…en verdadero orden.

Con amor,
Lucy.

martes, 5 de mayo de 2015

Literatura en la ciudad... o el cuento de que quieren que leamos


No se sientan mal; ni es cierto que en este país la gente no lee, ni que los esfuerzos estatales están orientados a la lectura como herramienta educativa y de identidad cultural.  Los libros que se usan en los colegios – al menos en Panamá – funcionan como lo hacen las viseras para los caballos de carrera: sólo para ver la pista.  Por si fuera poco, el material que hay en ellos no se puede trabajar en un período escolar (hablemos de la cantidad estúpida de materias que se trabajan en una semana, como si fuesen embutidos) y se hace una selección de esa selección que pretende en su conjunto incentivar la lectura.  En serio, bastaría con folletos de 30 páginas que se trabajaran bien durante el año, porque las otras 150 páginas ni las miran.  He revisado las interacciones en varios libros y resulta frustrante que aún pregunten por el resumen de la historia o que pidan enumerar los personajes sin darle mayor profundidad a la “lectura”.  Entonces, no aprendemos a “leer”, que es mucho más que pasar la vista por las palabras y juntarlas en un frenesí de información.  Leer como decodificar un texto no es algo que puedan aprender en un colegio en estos días, salvo por contadas excepciones donde los milagros ocurren y los educadores trascienden la planificación analítica escolar para permitir que sus estudiantes piensen.

Pero cortemos con el tema de la escuela, hablemos de la literatura en las ciudades.  ¿Eso cómo es?  Hagamos un ejercicio sencillo: usted está en Panamá y le da curiosidad una autora, un título o un sub-género literario.  ¿Qué hace?  Lamentablemente, tiene pocas opciones y una de las más completas será la Librería Cultural, pero tendría que ver cómo hace para llegar al barrio de Perejil y encontrar el local entre pensiones, brujos y fondas.  Dichoso si va en bus, porque le deja en la parada de en frente (la de Calle Primera Perejil); pero tendrá que brincar entre aguas negras y otros obstáculos que le pueden disuadir muy pronto.  Lo otro es irse a Exedra Books, pero lo más seguro es que no haya quien le explique – por ejemplo – qué es eso de “Novela negra” o eso de “micro-cuentos”, ya que lo más que hacen es buscar en la base de datos los títulos que tienen.  Hasta ahí llegó el servicio, póngase a buscar en los anaqueles, por allá donde dice un generalizado “Novela”.  No recuerdo si hay estantería dedicada al cuento, pero si un espacio para la literatura latinoamericana, que es más que lo que hace la tienda de libros El Hombre de la Mancha, donde una vez pregunté por poesía y me dijeron que ellos no vendían eso.  Si, a mi también me quedaron los ojos cuadrados.

Es por eso que cuando voy a Costa Rica se me hace agua la boca, pensando en las librerías que visitaré en los alrededores de la UCR (Universidad de Costa Rica) o en otras áreas de la ciudad, en donde van creciendo como flores.  En Colombia también hay buena oferta de librerías y además, de libros accesibles en precio. Lo que jamás pensé fue encontrar una ciudad donde las librerías compitieran en horario y clientela con bares, restaurantes y teatros.  Esa ciudad es Buenos Aires.

foto de Ximena Troncoso (Poeta y periodista chilena)
en el Barrio San Telmo de Buenos Aires

Es cierto, no en todas las esquinas de Buenos Aires encuentras la cantidad de librerías que puedes visitar en San Telmo o en Corrientes, pero si te entra esa misma curiosidad de la que hipotéticamente hablamos en Panamá, puedes tomar el Subte, el colectivo o simplemente caminar unas cuadras y llegarás a una librería donde no solamente verás clasificaciones que nunca imaginaste, sino que el librero se encargará de orientarte con títulos de acuerdo a tu presupuesto.  No sólo eso, si por casualidad no tienen algo, te podrán recomendar otra librería donde te apuesto a que si hay.  Mi experiencia en CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) fue extraordinaria.  No me creía que eran las nueve de la noche y llegaban personas a preguntar por libros, a ojearlos, a conversar sobre ellos, a comparar precios y a llevar la selección de la noche. 

Y una se pregunta ¿Por qué tantas librerías? Dicen que esa ciudad tiene más de 400 librerías o unas 25 por cada 100,000 habitantes. ¿Acaso los argentinos son más ávidos a la lectura?  No lo sé, tendría que buscar algún estudio, pero no me lo pareció.  Solamente sé que tienen una mayor oferta y pueden encontrar desde clásicos hasta versiones económicas de un mismo título, dado el caso de que quieran un libro.  Me parece que tiene que ver con los incentivos que tiene esta actividad comercial, con lo que representa para la ciudad una librería y para el estado la disponibilidad de este producto tan subvalorado en mi país.

Por favor, procuren no hablarme de la Feria del Libro de Panamá.  No sé si todavía creen que cobrar 4 dólares por persona en la entrada amerita ir a buscar libros tan caros como en su librería habitual. Además, que la hacen en uno de los meses más lluviosos y más difíciles para movilizarse, en un lugar donde sólo pasa una ruta de buses y me quiero morir con el delirio del estacionamiento.  No sé, no es cuestión de darse golpes de pecho diciendo que el libro más vendido el año pasado fue el de un comentarista farandulero de CNÑ.  Si yo organizo una feria del libro y me pasa eso, seguramente me voy a replantear mi vida entera.

Cuando tengan incentivos apetitosos para quien promueva arte y cultura, veremos la intención de La Ciudad o del país para proveer a la ciudadanía de una fuente inagotable de recursos valiosos: la literatura.