martes 31 de enero de 2012

Biruta


    Biruta, cuento de la pluma de la escritora brasileña Lygia Fagundes Telles que narra un instante del día a día de Alonso, un niño que trabaja haciendo quehaceres en una casa de familia  y su perro, el tierno, gracioso y travieso Biruta.
    Es navidad y obviamente todo es diferente, Alonso comerá solo  mientras Leduína, la sirvienta, y sus patronos se van a gozar del día festivo, pero Biruta hoy, como tantas otras veces, ha hecho de las suyas, mordiendo todo lo que encuentra a su paso. Usualmente lo que muerde son prendas de vestir de los patronos o de Leduína, lo que causa el enojo de todos. Alonso se preocupa mucho, pues sabe que Biruta no se ha ganado la voluntad de la gente en casa y regañará al perro para que cambie y  se porte bien, incluso invierte un dinerito en un regalo navideño que quizá mantenga distraído a Biruta, Alonso cree que con ese regalo ya no tendrá que morder las cosas de los otros.
   Van llegando las remembranzas y los golpes del palo de escoba en las manos de Alonso se van haciendo vívidos, doña Zulu las golpea frenéticamente, con el mismo gusto con que peina sus cabellos. Biruta robó el bistec, Alonso otra vez asume la responsabilidad.
    Estamos ante un cuento en el que las situaciones dadas reflejan lo más humano de las personas, sean estas demostraciones de profundo amor y compasión, o por el contrario, de maldad y de engaño.
----
Lea Biruta en www.mediocerrado.com

martes 3 de enero de 2012

Columnas escogidas (de Fernando Contreras Castro)

Fernando Contreras Castro

COLUMNAS ESCOGIDAS

Primero dibuje la columna vertebral de la espalda;
Luego vístala por pasos, con cada uno de sus músculos,
 uno tras otro, y añada los nervios, las arterias
y las venas a cada músculo. Además, marque las vértebras
a las que están unidos, qué intestino entra en contacto
con ellos, qué huesos y otros órganos, etc.
Leonardo Da Vinci.
Cuadernos.
Parte segunda.
VI. Anatomía.


Prólogo del Autor

La presente es una selección de columnas en torno a variadas temáticas de la vida cotidiana.

Se ofrece a los lectores un compendio de diferentes argumentos por considerarse cuando sea oportuno, razón por la cual dichas columnas no aparecen en diarios ni revistas, pues resulta del todo imprevisible el momento de su máximo provecho y utilidad.

Si algún lector encuentra que ha llegado el momento de publicar alguna de las columnas, deberá hacerlo bajo su cuenta y riesgo en el medio público de su elección, asumiendo así la responsabilidad por los contenidos, dado el caso de que resultasen lesivos u ofensivos para la sensibilidad de otro.

Comprendido o anterior, el autor de estas líneas queda absuelto a priori de toda culpa y responsabilidad por los daños que pudiera causar esta lectura a terceros.
F.C.C.


Argumentos a favor de
ofrecer al público el
“Programa Borges”

1

Ya no sabremos si al bibliotecario ciego esto le hubiera parecido una maravilla o una aberración. Es claro, eso sí, que el IB. hubiera cambiado la historia de la lectura. (El libro incorporado, o interiorizado, es la técnica y la tecnología de transmitir al cerebro humano el contenido puro y puntual de un texto literario).

Sin prescindir del lenguaje escrito, entre otras cosas por no sacrificar el estilo personal de los escritores, y sin uso de sonido alguno, ni de imágenes predefinidas, porque no hubiera habido en ello mayor diferencia con el cine, el  IB. (inner book) pudo haber sido el punto de encuentro absoluto y definitivo entre el cine y la literatura, y al mismo tiempo, el aniquilamiento de ambos.

Es del criterio de este columnista que el Programa Borges, incluidos los experimentos, y los expedientes de los sujetos experimentales, deben ser desclasificados, para ponerlo al alcance de quien pudiera desarrollarlo como un bien cultural sin fines de lucro.

El programa debe ser publicado en revistas científicas, y en periódicos, sin censura. Debe ser sencillamente expuesto a la opinión pública.

El bibliotecario ciego hubiera apoyado el programa, seguramente. Hubiera bendecido el programa.

El conocimiento del cerebro humano quizás no se complete nunca. La estimulación de ciertas áreas revela ciertas cosas que no pueden darse por sentadas por no poderse asegurar que se repitan idénticas de un individuo a otro, aunque así parezca en las generalidades, aunque lesiones similares, por ejemplo, produzcan reacciones similares, y los mismos fármacos generen respuestas muy parecidas entre personas muy distintas. Tal vez haya denominadores comunes a un nivel  estructural físico, pero al de la conciencia y la subjetividad, ya se sabe, no hay dos que reaccionen de igual manera.

El ciego de Ginebra, “el ciego integral”, como lo llamó Cortázar en alguna ocasión, habría planteado, sin imaginarlo, los cimientos teóricos del programa con su solo enunciado de que “los libros se escriben los unos desde los otros”, y habría revelado con esa misma sentencia, sus infinitas posibilidades.

Cortázar por su parte, con su obsesión por ganarse la complicidad del lector, hubiera seguramente encontrado fascinantes las impredecibles puertas que prometía abrir el IB.

Al ser el IB. un programa capaz de transmitir la secuencia de imágenes que son las letras, palabras, oraciones y párrafos de un texto literario, sin mediación de imágenes de ninguna otra naturaleza, al cerebro de una persona, hubiera significado para los ciegos, por ejemplo, la posibilidad de “leer” como si pudieran ver, y a los videntes, la de leer como si fueran ciegos, porque aún siguiendo los mismos principios y mecanismos ópticos de la lectura, ésta se hubiera realizado a ojos cerrados: no hubo uno entre los sujetos experimentales que pudiera mantener los ojos abiertos una vez comenzada la transmisión, como si los párpados decidieran cerrarse por ellos mismos, ajenos a la voluntad del “lector”; porque con las primeras secuencias de letras les sobrevenía una suerte de “estado alterado de conciencia”, de semi sueño, o ensueño, al mismo tiempo que se registraban inusuales actividades en sus cerebros, y vasos conectores imprevistos entraban en acción; zonas, en principio bien cartografiadas y conocidas, se comportaban de manera “anómala”, en el criterio de los neurólogos y demás especialistas del equipo.

Sujetos experimentales de múltiples y muy bien diferenciadas procedencias, fueron sometidos al Programa Borges por diferentes períodos, y en distintos estados físicos y condiciones emocionales, es decir: a la estimulación del nervio óptico por fototransmisión fría de alta velocidad de datos reconocibles por los sujetos como caracteres alfabéticos de su pleno dominio, cuyo ordenamiento y secuencia fija equivalía a algún un texto de la llamada “literatura universal”.


Argumentos a favor de
ofrecer al público el
“Programa Borges”

2

En su prólogo a la primera edición en castellano de “Las Enseñanzas de Don Juan”, de Carlos Castaneda, Octavio Paz señala que “La verdadera defensa de la obra consiste en irritar y seducir la atención del lector con un texto que pueda leerse de muchas maneras”. (15 de septiembre de 1973).

Para la época en la que Paz escribía esas acertadas palabras, era impensable, inimaginable un programa capaz de transmitir al cerebro humano la experiencia de la lectura lineal, como lo logró el Programa Borges.

Refiriéndose al “Finnegans Wake”, Paz agrega que “cada frase y cada palabra es un haz de sentidos, un puñado de semillas semánticas que Joyce siembra en nuestras orejas  la esperanza de que germinen en nuestra cabeza”.

Joyce tampoco hubiera imaginado que sus búsquedas literarias pudieran llevarse a las últimas consecuencias con ayuda de un ordenador y un par de dispositivos de transmisión.

Milorad Pavic, fue quizás el único que  vivió lo suficiente como para ver realizado su desmesurado sueño de la obra con infinitos finales posibles. El rumor de que se contó entre los sujetos experimentales no se ha comprobado hasta la fecha. Pero se dice que se sometió al experimento con la condición de le fuera transmitida una obra suya. También ignoramos cuál, aunque se ha dicho siempre que se trató de su poderoso “Diccionario Jázaro”.

El Programa Borges, finalmente, es la materialización de una fantasía perversa de escritores, neurólogos, oftalmólogos, psicolingüístas e informáticos, brutalmente censurada por diferentes instancias del gobierno, como se sabe, presionadas por los defensores de los intereses de importantes casas editoriales y productoras cinematográficas, ante la amenaza que creyeron atisbar, no sin razón, en el hecho de que por fin y sin lugar a dudas, este programa haría del lector el autor definitivo y soberano de la obra que leía.



Argumentos a favor de
ofrecer al público el
“Programa Borges”

3

Semejante al efecto narcótico de los psicotrópicos, el Programa Borges sumía en una suerte de ensueño a los sujetos experimentales, como quedó dicho, una vez iniciada la sesión en la que les era transmitido un texto literario.

La controversia inició en el momento en que el equipo se declaró incapaz de contener y dirigir la atención del lector al contenido puntual del texto.

Fuentes extraoficiales revelaron que fue eso lo que llamó inmediatamente la atención de Pavic (previamente informado y consultado acerca del Proyecto), y su interés por someterse a la experiencia. Se dice que el autor serbio, después de una sonora carcajada, declaró: “siempre hemos sabido que no existe tal cosa llamada contenido puntual de un texto”.

Se sabe que no hubo dos sujetos experimentales que narraran una experiencia ni siquiera similar después de habérseles transmitido simultáneamente un mismo texto, en idénticas condiciones, a la misma velocidad.

Puesto en los términos de Paz, se demostró que cada palabra, cada letra, seguramente, era un haz de sentidos que se disparaba por la vida entera de cada lector; que cada oración, quizás, era una alfombra voladora que usaba a su antojo para llegar a imprevisibles lugares de su imaginación. En última instancia, se demostró que el texto, sin importar cuál, era apenas la ínfima chispa matriz de un incendio forestal, que de ahí de donde muchos sujetos experimentales se habían acostado para que les fuera transmitido, por ejemplo: “Como todos los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo… ”, o bien: “No es que Kublai Kan crea en todo lo que dice Marco Polo cuando le narra las ciudades que ha visitado en sus embajadas…”, ninguno de ellos se levantó para decir que había leído a Borges o a Calvino, sino que, sin excepción, cada uno narró una historia-vivencia radicalmente distinta tanto del texto de partida, como de las de sus compañeros. Y sin excepción, cada uno mostraba un estado anímico igualmente particular.



Argumentos a favor de
ofrecer al público el
“Programa Borges”

4

De “insondable”, fue clasificada la combinatoria, y con ello en realidad se aludía a la similitud entre la experiencia producida por los psiquedélicos en la bioquímica de la conciencia, y la producida por el IB.

Se dijo que el sujeto sometido a una sesión con el “inner book” vivía no la experiencia de la lectura, sino la de los estados alterados de conciencia, que si bien podrían tener ciertas virtudes terapéuticas en casos extremos de enfermedad mental, su libre circulación en la sociedad y la cultura podría equivaler a la legalización de las drogas psicoactivas, argumento que acabó de convencer a los jueces de dar por terminados los experimentos y por cerrado el caso del Programa Borges por ser perjudicial a la salud pública.

A nuestro entender, el argumento de la salud pública resulta débil, cuando no ridículo, empezando por el hecho de que la experiencia del IB. sólo puede ser íntima e individual, imposible de socializar, a lo que se suma la corta duración de esta, no más de tres minutos cuando se trata de las obras más extensas de la literatura universal, con la ventaja de que su uso no deja huellas ni consecuencias físicas en las personas, las cuales están, en principio,  inmediatamente después de la experiencia, en condiciones de reanudar su vida cotidiana.

Creemos “leer” en la sentencia una suspicacia diferente: el IB. resulta amenazante no porque funcione como una droga, sino porque surtió un resultado inverso al esperado, entiéndase, en vez de producir en el sujeto la experiencia de la lectura pasiva (si tal cosa existe), produjo la del creador activo.

“Podemos dominar a millones de lectores, pero no así a millones de creadores”, podría formularse así la gran conclusión de La Corte Suprema de Justicia.

El IB. fue concebido como un instrumento al servicio de la educación. Se llegó a pensar que facilitaría el aprendizaje de lenguas extranjeras y de las matemáticas, por ejemplo, pero al ser probado con la literatura, reveló que la experiencia de la imaginación sin límites ni inhibidores producía en la persona una experiencia de libertad que sí podía tener repercusiones sociales, como la “desadaptación”.

Se dijo que un “viaje de IB”, como se le llamó finalmente a la experiencia, era equivalente a la del sueño que, en términos psicoanalíticos, trascendía las barreras de la represión, pero con el agravante de que la persona lo recordaba minuciosamente al terminar; cosa que los especialistas calificaron de extremadamente riesgosa para la integridad psíquica de los usuarios.

Terminamos esta columna declarando que discrepamos de las razones de los especialistas tanto como de la sentencia de La Corte, y sugerimos a los lectores que mediten en torno a las siguientes observaciones, una por punto cardinal.

1)    El viaje de IB. sólo potencia lo que ya de por sí produce la experiencia artística, no solo de la lectura.

2)   La exploración interior que permite el viaje de IB. es profundamente reveladora de contenidos importantes para la relación del sujeto consigo mismo y con su entorno social.

3)   La libertad que experimenta la persona posteriormente al viaje de IB. podría llevarla a entrar en conflicto con los valores defendidos y promulgados por los diferentes sistemas políticos y religiosos en el mundo, con consecuencias impredecibles.

4)   La democratización del uso del IB. podría promover cambios en las estructuras sociales a favor del individuo.

martes 27 de diciembre de 2011

La Víbora

La Víbora cuenta la historia de Olga Viacheslávovna. Fue escrita por Alexéi Nikoláievich Tolstoi en el periodo de la post-guerra civil rusa. La trama no sigue una continuidad lineal de tiempo, pero eso no puede saberse hasta avanzada la lectura, elemento que ayuda a que párrafo tras párrafo uno se vaya sintiendo como un observador más de por lo menos tres épocas históricas de Rusia que son cortas pero bien marcadas. Por ello, además de ser un cuento en el que se van sintiendo las emociones humanas más naturales y por momentos extremas, también se puede aprender bastante de la historia contemporánea de aquella sociedad tan misteriosa para nosotros.
Alexéi Nikoláievich Tolstoi va creando a lo largo del relato imágenes con sus palabras, es por eso que digo que uno se siente como un observador de lo que acontece antes de la guerra, en medio de la artillería con el frio de Siberia quemando la piel o en la industrialización con sus metales. Como si fuera poco Tolstoi también crea emociones y es entonces que de observadores pasamos a ser protagonistas, nos convertimos en Olga Viacheslávovna, con sus ilusiones de colegiala, con los sufrimientos del presidio, se va sintiendo la impotencia en medio de las tragedias, el amor en la guerra, el desconcierto y la desorientación al vagar por una Rusia desecha a fuerza de cañón, se sienten los odios en las miradas de los transeúntes que miran con ojos de vasos capilares reventados, hasta sentir la monotonía paralizante al escuchar el sonido uniforme del teclear de las máquinas de escribir de los despachos burocráticos oscuros y hediondos a cigarros de baja calidad.
La narrativa magistral de Tolstoi, así como la de otros grandes narradores de la Rusia ese tiempo está casi desprovista de colores vivos y hasta lo cómico suele estar pintado con tonos grises, por eso hay que hacer la advertencia a quien esté esperando un final feliz, de que definitivamente no lo encontrará aquí, muy por el contrario, quien se atreva a leer este cuento deberá arriesgarse a caminar por soviéticas sendas sombrías, saber que en cualquier momento sobrevendrá el ataque de la víbora y luego tratar seguir andando bajo los efectos del veneno sin perderse.
_____
Visite también: http://www.mediocerrado.com/

martes 6 de diciembre de 2011

SE BUSCA


Estoy buscando e s e cuento que no he leído, el descubrimiento que alguien hizo y que me puede contar.  Pero no basta con las recomendaciones, que te leas esto, que mires por acá, que tal autor, que no sé que… quiero el por qué, que me lo cuentes…

SI TIENES MIS DATOS, PONTE EN CONTACTO CONMIGO POR CORREO, SINO ME AVISAS Y CUADRAMOS PARA QUE COMENTES AQUÍ EN EL CUENTO DE LOS MARTES… sólo los martes!

martes 29 de noviembre de 2011

No eres tú, soy yo…


Ya sé que es un lugar común, pero no es literatura de lo que estamos hablando. Pasa en la calle, en las bancas de las plazas, en las cafeterías iluminadas y también en los umbrales de las puertas que una vez nos recibieron con alegría.  Es un cuento que más vale creer, para resistirse dignamente a la realidad.

Si, posiblemente cuando te lo digan, se te empiece a henchir el pecho, con una sensación de grandeza, porque pobrecita la persona que te lo confiesa apesadumbrada, que tiene un problema existencial a resolverse con terapia extrema, pero mientras tú fantaseas con que serás la primera persona que llame cuando se le pase, ya va doblando la esquina en compañía de su verdadero motivo.

Haces bien, quienes ya no creemos en esa historia, la escuchamos con una sonrisa fingida, diciendo para adentro “qué suerte la mía, de tanta tontería que se le pudo ocurrir, viene y me suelta este guión de bajo presupuesto”.  En todo caso, igual es mejor despedirse con ese abrazo de actuación magistral, con ese corte de “cómo te quiero, pero esto está más allá de mi alcance”, y dependiendo del presupuesto, mandarse al Himalaya, a los Alpes Suizos, al Amazonas o en el peor de los escenarios financieros, proponerte al fin leer todos esos libros a los que no les has quitado ni el plástico por andar, según tú, cuidando tu relación.

Pero hazlo, porque si te animas a encontrarte con amistades que tenías abandonadas, a frecuentar lugares por la nostalgia y a buscarle deliberadamente en donde crees que va a estar para que al verte se cure milagrosamente, es probable que te encuentres el cuadro aleccionador de esa persona y su verdadero motivo, compartiendo el postre con una sola cucharita.

Vaya…entonces, ya sabes, la próxima vez que alguien te diga “No eres tú, soy yo…” mejor créele, crécete y piérdete del mapa.  Cuando te toque decirlo, sabrás exactamente de qué estoy hablando.

Buen martes! 

martes 1 de noviembre de 2011

Quince Duncan... el privilegio de escucharlo.

La semana pasada estuve en Costa Rica para un encuentro de escritores indígenas, afro y sino descendientes.  Me tocó hablar sobre mi libro de cuentos en una mesa de experiencias y elegí un par de fragmentos de esos cuya narración se prestaba para encarnar a un personaje.  Pero me pasaba esa terrible angustia por la mente.  Deben estarse aburriendo y con deseos de teletransportarse a una cantina! -pensaba yo mientras continuaba con mis cuentos. En eso terminó la tarde y un par de elementos me pidieron ejemplares del libro.  Vaya! - pensé - después de todo, no iba tan mal.

Pero toda la autoestima ganada se me cayó cuando escuché por primera vez en mi vida a Quince Duncan leyendo uno de sus cuentos.  Desde que empezó con la primera frase de su historia perdí cuenta de cualquier cosa que ocurría a mi alrededor.  El hombre continuaba y yo sólo murmuraba "qué bueno es este cabrón" cuando hacía una pausa.  Su voz era tan clara, su dicción tan prístina y su ritmo tan envolvente, que una sala con acústica muy comprometedora parecía hacer tregua con este maestro de la narrativa.  Hasta la pertinaz llovizna josefina hizo silencio para escucharle.

De camino a Pavas, cuando el frío se hacía más íntimo, yo sólo recordaba su voz y su espectacular dominio de la palabra.  Pensaba en lo privilegiados que son en Costa Rica de tenerlo ahí, de poder escucharlo aunque sea de vez en cuando, y de sentir su presencia emblemática en ese concierto de talentos que tiene Costa Rica.

martes 18 de octubre de 2011

Todos los mares conducen a Virginia (Alma Karla Sandoval)

La Wolf, pensé con la primera línea, a pesar de que no recordaba a Leonard.  Me vino esa escena de la película Las Horas, en la que la Nicole Kidman camina hacia las aguas del río Ouse, encarnando a la escritora de Mrs. Dalloway.  También pasaba por mi mente Julian Moore en el papel de la mujer infeliz, soñando que se ahogaba en su habitación mientras esperaba la muerte, meticulosamente planificada con la dedicación que ponía en todo lo que hacía por su familia.

A veces, cuando una lee el título de algún texto, se olvida conforme avanza los primeros párrafos.  Es un descuido consciente, porque ya no quiere depender de un título como si anunciara necesariamente la historia, y también porque sabe del cinismo que puede caber en la elección de uno.

“Todos los mares conducen a Virginia” es un texto epistolar, la simulación de una lectura póstuma, de algo que no se pudo decir por su exceso de honestidad. En él, Alma Karla Sandoval explora las palabras que se quedaron entre líneas en la última nota que Virginia Wolf dejó antes de cobijarse con las aguas en las que buscaba salvarse.

Alma Karla juega con la posibilidad, pero no juega inocentemente, su relato denota el conocimiento de una clave dejada por Virginia en sus textos.  Y es que  este escrito no está en su libro Hipnosis por mera casualidad, sino en la misma línea de las historias que nos va presentando.  Allí explora el subconsciente, busca a la escritora dentro de Las Olas, El pozo de la soledad, Tres guineas, Los años, Entre actos, y  en muchos más, pero sobre todo Las Cartas de Virgina Wolf, que nos dan a conocer su modo epistolar, que en forma nos puede colocar en la manera que tenía la británica de expresar su polémica manera de asumir el peso de su vida.

 Si, nunca fue fácil ser ella, y es lo que en suma nos plantea Sandoval.  Su relación con la familia, con el orden social y con el mundo literario son de los temas que se discuten a veces con ligereza, pero su relación con ella misma y con su mente pudiera trabajarse con esta especie de hipnosis en la que Alma Karla trata de curar a Virginia Wolf.

martes 27 de septiembre de 2011

La negra, El tren que perdí, La noche y otras historias

Anoche estuve leyendo en Ciudad del Saber para un grupo de soñadores.  Soñaban con un mundo de igualdad en el que la piel negra o la nariz ancha no sea un motivo de discusión.  Mujeres ataviadas con trenzas, pañuelos coloridos y sonrisas amplias me escuchaban contar su propia historia de hijas de inmigrantes a la fuerza.  Hombres dejados llevar por la magia de la genética y la antropología, se preguntaban por la edad, por el cutis y por los eslabones de la historia.

Leí poemas (entre ellos La negra, El tren que perdí, La noche y Leche) y conté historias.  No era que los explicaba, los colocaba en contexto, amortizaba su tristeza con la versión narrativa de una imagen.  No se confundan, a las personas les gusta la empatía aunque esté en desuso.

Los poemas pueden desatar historias, recuerdos, cuentos inimaginables. Basta con una palabra, con una imagen o incluso el ritmo para que la memoria active el archivo preciso. 

“Mi historia es parecida” me decía una mujer, vino en mano.  “He sentido lo mismo que decía ese poema sobre la leche que me brota del pecho cuando estoy lejos de mi niño” me confesaba una muy bajito; “No puedo creer que nunca hayas subido a un tren” exclamaban un par de señores.  Los disparadores – como los llama Alma Karla Sandoval en sus talleres – son infinitos y las historias no tienen límites para inventarse.

Este martes deben haber empezado a fluir muchos cuentos entre esa gente que escuchaba poemas la noche anterior.  Todos esos serán el cuento de este martes.

martes 23 de agosto de 2011

Esta noche habrá Cronopios en Rayuela

¡Qué miedo! Nunca supe cómo era un Cronopio... Siempre me pareció que la gente era una mezcla de los tres personajes de Cortázar.  Dicen que soy una de esas criaturas, que sólo seres así organizan festivales de poesía, y que los famas niegan con la cabeza porque es una locura, y que las Esperanzas asisten al Festival de Poesía, más que nada porque son buenas y quieren colaborar aunque no les sobren 10 dólares.

Les invito a que nos acompañen esta noche a partir de las 7 en el Rayuela de Vía Argentina en la Ciudad de Panamá.  Cantaremos junto al Colectivo musical Paissage y si no puede llegar, simplemente siga el siguiente vínculo de live streaming y acompáñenos desde su computador: 

Catala catala...

martes 2 de agosto de 2011

Howl, el Aullido de Allen Ginsberg

Es una producción cinematográfica de lujo en la que se puede apreciar el poema Howl (Aullido) de Allen Ginsberg en varias dimensiones.  El autor comienza a leer su poema ante el público de una cantina, y dos años más tarde aparece en una entrevista, mientras se da un juicio al editor de “Aullido y otros poemas”.  Ambos escenarios nos llevan a ver a fondo el proceso creativo, la diversidad de críticas literarias y morales, así como una animación exquisita que recrea varios versos del famoso poema, que aún hoy día seguramente no se entiende a profundidad (experiencia propia), quizás por falta de referencias.

La película fue dirigida y escrita por Rob Epstein y Jeffry Friedman. Se estrenó en el 2010, con James Franco en el papel de Ginsberg joven.  Pero la cinta no habla sólo de poesía, sino que aborda temas escabrosos como la definición de obscenidad, los prejuicios morales, la vida en bajo mundo urbano, las prácticas médicas psiquiatritas y la libertad de expresión, entre otros. 

Se le llama “Biopic”, pero no es así como quien nace, crece y muere.  Se habla de su madre, su padre, sus amores y de su amistad con personas que influyeron su vida y su obra.  Pero no aburre, porque evoca la información cuando está ligada al tema. 

“Hay un montón de escritores que tienen ideas preconcebidas acerca de lo que la literatura se supone debe ser, pero sus ideas parecen impedir todo aquello que se hace más interesante en una conversación casual ... su homosexualidad, su soledad, su neurosis, su tontería, su vulgaridad o, incluso, a veces su masculinidad. Porque ellos creen que van a escribir algo que suena como aquello que ellos leyeron con anterioridad, en vez de sonar como algo propio o que venga de sus propias vidas.”

Esta es una de las frases en la película que da cuenta de su revolucionaria forma de escribir, de su descubrimiento sobre la literatura y del valor que daba a la vida.  Les invito a ver Howl en el sitio de películas http://www.cuevana.tv/peliculas/3445/howl/ que la exhibe on-line, y si pueden alquilarla o comprarla mejor, porque es un paquetito digno de coleccionar.  

martes 19 de julio de 2011

Z A P A T O S

Cuando Martín Testa escribió el poema Lucy Cristina, uno de sus versos más dicientes fue “calza los traviesos pies con lo segundo que encuentra en sus atropellos”.  Nada podía definir mejor esa lluvia de preguntas que me atormenta al calzarme.  Pero la complejidad que presenta la obra “Zapatos” en cuanto a los motivos, deseos y fantasías que sostiene al negocio del calzado pasa de esa duda insoluble para meterse en un asunto de mayor calibre sobre la naturaleza humana.

Si además nos ayudamos con el documental “El siglo del individualismo” de la BBC, comprenderíamos cómo opera la mercadotecnia para que nuestros deseos más íntimos terminen reducidos a objetos en los que depositamos toda nuestra esperanza.

Pero “Zapatos”, la obra que presenta este mes el Estudio Lagartija en la ciudad de Panamá, pone en el tapete varios temas tabú.  ¿La infelicidad se cura con las compras? ¿Está la crueldad bien cotizada? ¿Qué es el éxito en el imaginario de una persona débil? ¿La marca importa más que la utilidad? ¿El orgasmo se produce en la mente? ¿Qué se pierde cuando se sacrifica la calidad?


Basada en la obra “Quality” de Elaine Avila, esta producción de Mariela Aragón y Maritza Vernaza, dirigida por Ted Gregory, se sitúa en una tienda de calzados de lujo, donde dos mujeres intercambian algo más que un horario laboral y unos cuantos secretos de venta.  Roxana y Pipa son la historia que cuenta la historia de muchas historias.  Ellas intuyen y conocen los porqués de las decisiones irracionales a la hora de comprar zapatos, pero tienen también sus propias historias de miedo y deseo, de soledad y protagonismo.  Dialogan con soltura y pasan de un sentimiento a otro como ocurriría en un día cualquiera en un trabajo cualquiera, salvo porque para ellas lo que hacen es pasión por lo humano.  En eso las actrices se revelan. Una que las conoce un poco sabe que dentro de Pipa y Roxana hay algo de Maritza y Mariela y sus miradas cómplices van a develar algo de nuestras mentes para presentarlo al próximo grupo íntimo de privilegiados que entren a ver esta obra.

Vayan a ver “Zapatos” y verán que ya no verán a los suyos de la misma forma…

martes 14 de junio de 2011

El pibe Cabriola

En el 2000, la Unesco y Radio Nederland sacaron una colección bajo el título “Valores. 12 Cuentos y reflexiones iberoamericanos para una cultura de paz”, en el cual participaban escritores como Rosa Montero, Eduardo Galeano, Ángeles Mastreta, Manuel Vásquez Montalbán, Elena Poniatoswka, Alfredo Bryce Echenique, Antonio Skármeta, Jorge Edwards, Abel Posse, Lidia Jorge y Sergio Ramírez.  Este último postuló un maravilloso cuento con el nombre de “El pibe Cabriola”.

La colección era semi-lujosa, bellamente ilustrada, y cada texto, incluidos en discos compactos, fue grabado en voz de su autor.  Es un tesoro, que en su momento se distribuyó en emisoras de radio en toda América y que también he compartido con algunas personas que devuelven libros.

Autogol, fotografía tomada de ligafutbol.net
Pero para volver a Sergio Ramírez y “El pibe Cabriola” no puedo olvidar un episodio triste del fútbol: el autogol del colombiano Andrés Escobar en el mundial de 1994 y la consecuente tragedia de su asesinato en una discoteca de Medellín.  El nicaragüense Sergio Ramírez parece haber tomado esta historia como base para este cuento.  Lo relata en primera persona y lo lleva entre la pasión por el fútbol y la desesperanza de un personaje que atestigua la tragedia como algo irremediable y a la vez vergonzoso. 

La narración es muy fluida, cada eslabón del texto puede sólo, pero juntos tienen la fuerza inexplicable de algo que va creciendo, más que nada en la imaginación.  Aunque uno esté advertido, el final le parece imposible, con ese sabor a impotencia que te dejan las verdades crueles. 

Leerlo pone en perspectiva el fanatismo.  Hay muchas maneras de matar a una persona, y la crueldad tiene esa característica de acercarse demasiado al límite de lo tolerable.  Una cosa es haberse enterado en las noticias de que aquel defensa colombiano fue muerto a tiros en una discoteca y otra leer la adaptación de Ramírez.  Con la noticia se puede elaborar alguna teoría irracional de mafias y apuesta, pero en esta lectura se empieza a comprender que evolucionar requiere más que vestirse a la moda y tener artículos electrónicos modernos.

En el contexto del libro del Año Internacional para una Cultura de Paz, este es uno de los más fuertes relatos de la colección, dado que nadie sale bien librado de la radiografía.  ¿Cuántas veces no hemos alterado la balanza al juzgar a un ser humano?  Tenemos esa debilidad visceral de anular a alguien por un solo error, cuando del otro lado contiene más razones para amarle.

“El pibe Cabriola” es más que un cuento.  Es la posibilidad de una introspección para la evaluación individual de la capacidad destructiva de la humanidad.  Es un relato de un segundo de nuestro pensamiento, ese que secretamente es capaz de decir “se lo merece”.

martes 31 de mayo de 2011

Cuento colectivo

La tecnología 2.0 ha cambiado muchas cosas en nuestra forma de ver la internet.  Ya no es una valla de anuncios que mirábamos pasivamente para enterarnos más de algunos temas antes guardados en las bibliotecas polvorientas y con todo un protocolo para entrar y solicitar libros, mapas o revistas.  Ahora los usuarios pueden aportar información, cambiar definiciones y hasta crear literatura de forma compartida, como lo que propone el proyecto de Jairo Echeverri García: http://www.cuentocolectivo.com/

Cuento colectivo propone una especie de Cadáver Exquisito, un escrito entre varios autores, que aunque puede evidenciar estilos distintos, pretende un texto que revele una identidad compartida sin que caiga en lo homogéneo. Pero no sólo se queda en la experimentación, sino que busca promover la literatura en este espacio que volvería loco del júbilo a Newton por aquello de la inexactitud del tiempo, ya que la internet en este caso nos pondría en el dilema de dónde y cuándo fue creada una obra literaria.

Para participar en Cuento Colectivo sólo hay que entrar al sitio internet y seguir las instrucciones. En las publicaciones que exhiben, podrán apreciar los trabajos y comentar sobre los aspectos que les llamen la atención.

En mi experiencia, el cuento colectivo podría ser frustrante.  Un buen pie podría quedar sepultado con una tontería, o un final fuerte puede perderse entre los inicios débiles.  Depende mucho de la capacidad de edición y de que los participantes propongan con iguales condiciones y ganas.  Si para un participante la cosa es un relajito, si para otro es cuestión de vida o muerte, si una piensa que la redacción debe ser muy formal y al otro le gusta el lenguaje coloquial, toca tomar decisiones que no siempre agradan.  No en vano el trabajo de escritor suele ser solitario, subjetivo y complicado.

Pero hay que darle oportunidad a la creación colectiva, hay que atreverse a poner el proceso creativo a prueba de egos y entrarle a experimentos organizados como el que nos propone hoy Cuento Colectivo.