martes, 15 de julio de 2003

Martes 15 de julio del 2003

"Cómo me deshice de quinientos libros" de Augusto Monterroso. Con este cuento iniciamos la sesión, ahora convertida en un acto más íntimo, pero no menos hermoso.

Para no quitarle seriedad al asunto instalamos el equipo de sonido que habíamos comprado para El Cuento de los Martes, pensando en conseguir patrocinadores para el trademark y la suma de sueños que venían detrás.


Como nota curiosa, nuestro músico, origamista y ahora también bartender (a falta de planilla) trajo un poema de su autoría para leer. Me refiero a Dominigo Muñoz, quien ahora nos sorprendía con dotes literarias. Elsa, después de varias reuniones de estar observando y analizando la situación, finalmente se atrevió a traer un poema, y no solamente un poema, sino uno erótico. La titulaba "Poesía del Amor Erótico" (una agradable redundancia que le perdonamos por la sustentación que hizo a continuación, diferenciando el amor fraternal, el maternal y el erótico).

La verdad, debo decir, que en casa da más espacio a la tertulia, a la conversa - como decimos en Panamá -. Sin embargo hay dos elementos que nos desfavorecen: uno es que es difícil sumar gente porque da verguenza estar trayendo y presentando amistades nuevas que uno no sabe cómo se van a comportar (o si sabe) y dos, que hay que marcharse relativamente temprano y eso no amerita echar todo un cuento para salir de la casa.