martes, 19 de enero de 2010

El boxeador y el calypsonian (José de Jesús Martínez)

Cuando el nombre es lo más importante que se tiene – sino lo único –, hace falta defenderlo. Por eso “Lord Delicious” y “Sugar Baby” sólo se lo ceden a Dios, un dios a quien le da igual lo que el par de negros quieran hacer con sus nombres rimbombantes y se da la media vuelta pensando en otras cosas, seguramente más trascendentes en su quehacer.

Chuchú Martínez alude a nuestra cultura caribeña, en la cual el ritmo y la sonoridad juegan un papel significativo en el trato cotidiano, pero la reiteración de ambos conjuntos fonéticos tiene algo de intriga. Son lugares comunes que se burlan de los estándares. El de “la gente” es un agrado complaciente que hace sentir bien a quien, creyéndose superior, baja humildemente a la altura de un personaje popular.

Hay una crítica al racismo positivo, que ya no distingue un buen cantante de uno malo, un buen boxeador de un pelele, porque le simpatizan y le divierten las minorías raciales. También hay algo de sarcasmo en su historia, cuando menciona los nombres engavetados por el funcionario “a la salida de la vida”. Este último dato identifica al autor de “Cuentos para rodar” con su posición ante la muerte y otros temas relacionados.

Propongo leer esta historia en el vínculo de la revista Tragaluz, con ilustraciones de Ignacio Ortega y por el mismo precio (nada) conocer la colección completa de “Cuentos para rodar” del escritor José de Jesús Martínez.

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