jueves, 20 de junio de 2013

Leonardo

Leonardo se sentó bajo el sicomoro con el cuaderno abierto y el lápiz entre sus dedos inquietos, esperando que la naturaleza le contara su próximo secreto. Comenzó a llover. Corriendo para proteger su recuento de curiosidades, mecanismos e inventos, fue a refugiarse junto al caballo apodado Fulatino, en el establo de la casa en la que se hospedaba por esos días, camino a Milán. Poco a poco se fue quedando dormido con el zumbido de una mosca de mediodía. Cuando despertó, su cuaderno tenía dibujado en trazos finos, una orquídea, y encerrada entre signos de interrogación, la inquietante palabra: sexo Consuelo Tomás Junio /2013

3 comentarios:

  1. Por mas que intento, no encuentro los libros de Consuelo (o de muchos escritores pmenos) en el exterior. Que hacemos?

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  2. Vamos a tener que armar un servicio para ponérselos on-line a bajo costo y uno para envíos por correo postal. ¿Será rentable?

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  3. Rentable si incluyes patrocinadores, fundaciones internacionales, etc. Toca formar la propuesta...

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